Después de la intensidad con que la que durante más de una década se vivió en el banquillo, con la dirección técnica de Ricardo Ferretti y Miguel Herrera, parecía que Diego Cocca traería un poco de paz mediática.
Pero pronto nos demostró que no sería así. El anuncio de que Cocca será el nuevo técnico de la Selección Mexicana armó un terremoto en el seno felino.
La inminente designación en el Tri tomó por sorpresa a los altos mandos de los Tigres y les hizo cambiar de planes mucho antes de lo que se imaginaban.
Pero además nos reveló que después del fracaso en el Mundial de Qatar, las cosas cambiaron sólo para quedarse igual.
De nueva cuenta todo quedó en una lucha de poderes entre los grupos que manejan el futbol mexicano. El Grupo Pachuca tenía candidato al uruguayo Guillermo Almada, y Orlegui proponía a Cocca.
Al final, se impuso el grupo que ha mostrado mayor influencia, que es Orlegui, con lo que Cocca tomará el cargo de la Selección, en perjuicio de los Tigres.
Al final, más que un análisis acerca de lo que conviene más al futuro del futbol mexicano, parece que se impone la lucha de intereses, más allá de las capacidades de los técnicos que tenían posibilidades.
Después del fracaso en Qatar, como suele suceder, se anunciaron medidas que prometían cambiar de fondo la estructura del futbol mexicano, pero parece que los usos y costumbres del futbol mexicano seguirán igual.
Los intereses que tanto daño le han hecho no sólo al futbol mexicano, sino a nuestra sociedad, siguen igual.


