Vivimos tiempos de contraste mayúsculo en los que la verdad y la mentira se pierden en una línea difusa por la gran cantidad de información que nos invade en las redes sociales, a las que estamos maniatados por medio de nuestros celulares pomposamente llamados “teléfonos inteligentes”. No tenemos el más mínimo momento de descanso y solaz para no recibir información y poder con ello terminar de digerir la que recibimos por última vez.
La cantidad infinita de sitios de noticias, más que una pandemia es una noticemia, que podríamos definir como el virus de la noticia constante que no nos permite oxigenar nuestra mente de tanta nota que pretende tenernos al tanto de lo que ocurre en todos los niveles de nuestra existencia actual, política, espectáculos, deportes, etc.
Y se agrava con las noticias sensacionalistas que vituperan a cualquier persona o circunstancia en un mercado que no anhela la verdad, sino más bien anhela lo que quiere leer o escuchar. El día de ayer experimenté algo que quedará en mi mente para el análisis por varios días. Tiene que ver con la planta Tesla del multimillonario Elon Musk, cuya inversión de muchos miles de millones de dólares para una gigaplanta; ¡Dios mío! Ese concepto jamás lo había escuchado, pero a bote pronto asumo que es un neologismo que alude a una planta o fábrica de enormes dimensiones.
Pues bien, por muy increíble que parezca la tesis y la antítesis de esta noticia, se ventiló ayer en menos de una hora, es decir, primero leí en redes sociales, que la empresa multinacional Tesla había anunciado que siempre no vendría a México por la injerencia del presidente AMLO y minutos después leí justamente lo contrario, que Elon Musk si venía a México con su planta, precisamente por la injerencia del presidente AMLO en su entrevista con el obscenamente hombre más rico del mundo, etiqueta que justamente volvió a recuperar ayer después de varios meses en que intercaló dicha posición con otros tres potentados, Jeff Bezos de Amazon, Guatam Adani, presidente del conglomerado empresarial indio Adani Group y Warren Buffett, por cierto casi todos ellos ateos o agnósticos.
La primera nota me indigestó la existencia como mexicano, pensé lo peor que puede pensar cualquier nacionalista de su presidente que deja ir de su país tan cuantiosa inversión, pero después tuve que tragarme mis palabras por haberme precipitado en mis juicios al ver la nota contraria al respecto, y terminé por asumir que en la noticemia, uno como consumidor de noticias debe de esperar un tiempo prudente a que como los buenos vinos la nota se añeje un poco para digerirla mejor, de lo contrario puede uno cometer ciertos desaguisados que lo hacen ver a uno como un idiota consumado. Aún en este momento que escribo la presente columna, debo mencionar que lo hago con la reserva del caso; la burra no era arisca, dice el viejo y conocido refrán.
Algo que me llamó poderosamente la atención es la vehemencia comprobada de los seguidores de AMLO, pues aplaudieron ambas notas en el momento que fluyeron; cuando salió que la gigaplanta Tesla no vendría, aplaudieron, y minutos después cuando se ventiló la noticia contraria en el sentido que sí llegaría la inversión, también aplaudieron. Esa postura es la envidia de muchos políticos, no sé si eso habla bien del presidente o mal de sus seguidores, pero es digno de un análisis antropológico por ver cómo una gran parte de la población reacciona con euforia ante dos notas opuestas.
Todo lo mencionado es síntoma de la susodicha noticemia; somos tantos los sitios de medios y tantos los hechos que se hacen noticias que no dejamos respirar a la audiencia y ya no hay forma para asimilar las noticias por orden de importancia. Agravado por el hecho de que aún no digerimos el caso del supuesto plagio de Yasmín Esquivel y ya nos están recetando la nota de García Luna, y apenas leemos de su sentencia y ya tenemos el tema del plantón a favor del INE, y a este le sigue la réplica en la mañanera.
Ya no hay tiempo para contemplar el atardecer con la mente relajada, ni para pensar febrilmente en la mujer amada, bueno yo digo mujer y cada quien en su tendencia. Vienen a mi mente aquellos momentos en Monterrey cuando mi abuela se sentaba en su mecedora al fenecer el día, la tarde nos acariciaba la existencia y con enorme desparpajo contemplábamos el cerro de la silla en la distancia con nuestra mente puesta solo en lo que invadía nuestros ojos, no estábamos saturados de información ni nos tocaba la Noticemia. ¿Regresarán esos días de poesía existencial?
El tiempo hablará.


