Una buena imagen cuesta mucho trabajo. La comunidad de Matamoros ha intentado en reiteradas ocasiones trascender positivamente, pero a veces las circunstancias hacen difícil el camino. No podemos negar el momento por el que estamos pasando hoy en día en nuestra ciudad. Decía Cristina Pacheco: “Aquí nos tocó vivir”, como una argumentación determinante frente a situaciones que se quisieran evitar o que hubiéramos querido no haber vivido.
Había planeado escribir de lo maravilloso que he percibido la evolución de Matamoros en diferentes rubros, y escribirlo en un momento como el actual va a sonar un poco contradictorio pues las notas a nivel internacional apuntan a otro rumbo muy diferente. Puedo afirmar que Matamoros no es lo que desde ayer se dice en las redes sociales y la prensa alrededor del mundo, pero nadie lo creería. Pero como aquí nos tocó vivir lo que sí puedo decir es que nuestra ciudad no es solo eso que se dice con fundamento en los medios y las instancias de gobierno de EU.
Este fin de semana, en medio de toda esa parafernalia que tiene a Matamoros en los principales noticieros por todo el mundo, ocurrieron actividades que les permiten a los habitantes de esta localidad no solo distraerse, sino crecer en su sentido de pertenencia. No pretendo minimizar nada, solo anhelo rescatar para quienes aquí vivimos un sentido de esperanza de que en lo que nos incumbe propiamente como ciudadanos estamos haciendo bien las cosas. Paso a explicarme.
El sábado pasado tuve el privilegio de asistir al juego de fútbol entre los Gavilanes de Matamoros y los Aguacateros de Michoacán, un juego que hizo historia pues los matamorenses ganaron en forma inédita por una cantidad tumultuosa de goles, 7-1. La euforia de quienes asistimos, combinada con el buen juego de los ganadores nos hizo sentir una deliciosa sensación de sentido de pertenencia. Está comprobado en cualquier ciudad del planeta que cuando el equipo local gana, el ánimo de las personas transpira una esencia de gloria que toca positivamente las actividades cotidianas.
Querido y dilecto lector un mea culpa. Durante el transcurso del juego grité como loco, pero como ingeniosamente se dice de algunos desvaríos: la locura, todo lo cura, así que mis gritos de apoyo al equipo de Gavilanes fueron sobradamente una catarsis que me hizo dormir sin pudor y como bebé que no tiene culpa. Que más gente apoye a los Gavilanes es bueno no solo para sus dueños, también para Matamoros. Gracias a la familia Rodríguez Estrada por sus finas atenciones.
Por otro lado, debo reconocer que nunca he podido dominar mi secreta admiración por la mentalidad poderosa, el genio organizador y la buena índole que para mí siempre ha tenido la milicia y todo lo que rodea a este segmento que conforma a la SEDENA, es decir el Ejército o los soldados con toda su disciplina, a quienes mi marco de referencia de ellos que se remonta a mi niñez me lleva a un irrestricto respeto. La narrativa crea circunstancias.
Pues bien, el domingo pasado pude asistir al paseo dominical que por el día de la familia llevó a cabo el Octavo Regimiento de Caballería Motorizado en sus instalaciones en el Ejido La Venada y cuya máxima autoridad recae en el coronel Luis Carlos Portillo Alarcón que amablemente recibió a los visitantes con un discurso de bienvenida que exaltaba los valores familiares y quien estuvo acompañado por Carlos Ballesteros, secretario del Ayuntamiento y el empresario Marte Rodríguez Martínez.
Asistieron un total de 3,124 personas entre grupos de ciclistas, motociclistas, el “Club de Carros Clásicos Ruta 66 Matamoros” encabezados por Luis Enrique González Medellín y el “Club The Wagens” de unidades Volkswagen clásicos presidido por el señor Edgar Aguilar, que engalanaron generosamente el evento con sus novedosas y atractivas unidades.
La exposición del ejercito fue muy diversa y permitió a las familias asomarse un poco a la esencia de la SEDENA, quienes asistimos pudimos conocer el rostro humano y sensible de las fuerzas armadas por medio del paseo en dos caballos, Fabel y Dingo, pero también conociendo las unidades de la milicia como las de salud, ambulancia y primeros auxilios; a los niños les tocó ponerse el uniforme de soldado y acercarse a los perros así como conocer los diversos armamentos de uso exclusivo del ejército.
En pocas palabras, la gente que asistió salió de esas instalaciones con la grata sensación de que en México tenemos un ejército amigo.
Y por último me toco asistir al domingo familiar del DIF Matamoros encabezado por la señora Marsella Huerta, denominado “Difzania” en la que muchas familias de nuestra ciudad pudieron divertirse sanamente y en la que padres e hijos convivieron sin pena alguna, hubo juegos y sano entretenimiento que se tradujo en unión familiar.
Lamentablemente las buenas noticias no hacen el mismo ruido que las malas, pero como aquí nos tocó vivir, nos toca sembrar la esperanza que nos ilusiona para suponer que vendrán mejores tiempos.
El tiempo hablará.

