Monterrey, N.L.-
La escritora y periodista, Myriam Moscona no sabía cuál sería el título de su más reciente novela “León de Lidia” hasta que descubrió que era el nombre de la primera moneda de la humanidad, además porque sus padres se llamaban León y Lidia, respectivamente.
“Durante todo mi proceso de trabajo, el libro tenía un título provisional, pues yo sabía perfectamente que no se iba a llamar así, pero en mi archivo de trabajo tenía el nombre de la ciudad donde nació mi padre en Bulgaria, que es Plovdiv.
“Empecé a buscar títulos, pasaron años y no podía dar con el título, hasta que un día descubro que la primera moneda de la humanidad se acuñó en Turquía, bien cerca de la zona donde fue el terremoto ahora, y esa parte de la región se llamaba Reino de Lidia y la moneda se llama león de lidia porque tenía labrado un león con las fauces abiertas, y cuando yo encontré ese nombre, dije: este es el título de mi novela, porque León y Lidia son los nombres de mis padres”.
Destacó lo anterior, el pasado 18 de marzo, durante la presentación de “León de Lidia” en la pasada edición de la Feria Universitaria del Libro UANLeer, acompañada de Virginia Rosales y Cristina Berumen, con quieres tuvo un conversatorio en torno al la novela.
La charla se llevó a cabo en el Café Literario dentro del Colegio Civil Centro Cultural Universitario ante público de diferentes edades, quienes también le hicieron preguntas y comentarios a la autora.
Moscona aclaró que no era una novela autobiográfica pero sí hay mucho de su historia, sobre todo, lo relacionado con Bulgaria y sus antepasados.
“Estoy sola en uno de los bosques montañosos de Bulgaria al atardecer. Recuerdo esa historia que oí en la evocaciones de mis padres años después de haber dejado su país. Hablaban de una leyenda transmitida por sus maestras de primaria: cuando Dios repartió la tierra, Bulgaria se quedó dormida y llegó tarde a la entrega.
“Ya no había más terreno. Se acabó el mundo de tierra. A Dios no le quedó más que darle un pequeño trozo del parado a este país que empieza con la legra “B” la letra de la creación; pues en hebreo la palabra Bereshit (en el principio) contiene toda la Torá “, se lee en uno de los capítulos de “León de Lidia”.
Sobre la estructura de la novela, señaló que es como una de esas colchas de muchos cuadritos, y cada uno es una pequeña historia.
“La estructura del libro es totalmente fragmentaria, y yo lo he relacioné con esas colchas que están hechas de pequeños cuadritos, es como estar tejiendo piezas autónomas que al unirse conforman una gran pieza”, manifestó la también autora de “Tela de Sevoya”.
Para Myriam este es un libro entrañable, y lo importante para ella es que independientemente quien sea la voz que narra la historia, es que finalmente habla sobre la condición humana.
“Yo si considero que a pesar de lo que ocurre con el uso de la primera persona, porque está escrito en primera persona, y siempre -incluso yo como lectora- cuando lo leo así, inmediatamente como que esa primera persona la fusiona con el autor; el famoso término de auto ficción sin embargo, tiene sus reglas y una de ellas es que el nombre del autor y del narrador coincidan; no es el caso de este libro.
“Aquí la narradora niña y la narradora adulta no tienen nombre, entonces cuando todo mundo me dice que es mi vida, y les contesto: es y no es; hay líneas biográficas no lo voy a negar.
“Pero la búsqueda de central de este libro es retratar la condición humana, y en este sentido, es que alguien que está muy poco relacionado con el mundo sefardí, y con el tipo de narradora que lo está contando, pueda identificarse, porque lo que compartimos es eso, la naturaleza del ser humano”.


