Que nunca cambie el futbol femenil

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Tenía buen tiempo sin asistir en familia a un partido de la LigaMx Femenil y aproveché el Clásico entre Monterrey y Tigres para regresar a las tribunas de un estadio. Y quienes no me conocen saben que igual vamos a pasar un buen rato al estadio BBVA o al Universitario.

Como padres somos de esos aficionados que no estamos atrapados en la pasión extrema, a veces violenta, a favor de unos colores. Eso no queremos para nuestros hijos de siete y tres años, como muchos que son ‘víctimas del futbol’ por los adultos.

Vivimos cerca del estadio Universitario y hemos ido más veces que al BBVA para evitar el fastidioso tráfico hacia Guadalupe. Mi esposa tiene las dos playeras y aguanta las burlas de sus amigas, unas bien tigres y otras rayadas hasta casi morir.

Nos gusta el futbol como deporte y el ambiente que en LigaMx Femenil es menos violento verbal y fisicamente que el varonil.

El mayor de nuestros hijos dice que le va a Monterrey “porque es mi ciudad”, no por otro motivo, pero cuando vamos a un partido de las Amazonas festeja los goles por imitación a sus papás y sin saber quién perforó las redes.

El sábado del Clásico Regio que terminó con empate 1-1 en el BBVA llegamos una hora antes del inicio del partido -a las nueve de la noche, por cierto muy tarde-, y los niños bien contentos recibieron en sus manos banderines para apoyar a las Rayadas.

La directiva albiazul se esmera para garantizar un ambiente familiar. Dentro del inmueble ponen toboganes inflables para que los menores se diviertan durante todo el partido. O sea, no los desconectan porque habrá quienes no mostrarán interés de estar sentados 90 minutos.

En las tribunas nunca escuchamos una palabra altisonante. A ninguna jugadora ni al cuerpo arbitral se le recordó a su mamacita santa a mes y días de festejar su día. Abuelitas, papás y niños se comportan como debería hacerlo el público de la LigaMxVaronil.

Cuando la árbitro pitó el final del partido ante más de 30 mil personas dos jugadoras contrarias enviaron un mensaje a través de una oportuna foto de espaldas que captó Andrea Jiménez de Hora Cero Deportes: se abrazaron. Se acabó un partido. No una guerra en el césped.

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