Reynosa, Tam.-
Días de primavera. Los primeros calores del año aquejan a los moradores de la frontera tamaulipeca que sudan y se sofocan, pero más incómodo que esto resulta aún el abandono y el desprecio.
A don Albino lo mataron los sentimientos. Acongojado en su paupérrima vivienda de lámina y tablas en la colonia Rosalinda Guerrero de Reynosa, este hombre de la tercera edad tuvo el tiempo para idear una forma tan rápida como agreste para intentar escapar de sus problemas.
Ni siquiera fue el Covid-19 ni mucho menos alguna otra enfermedad lo que le quitó la vida: durante la mañana de ayer lunes puso un cable macizo de luz para hacerse un nudo en la garganta y brincó hacia un mortal abismo sin regreso.
Tenía 67 años de edad. Fueron sus familiares los que, impávidos, lo encontraron ahorcado alrededor de las 11:00 horas. Tras el impactante hallazgo, ellos mismos pusieron el reporte de emergencia, pero ya no había mucho por hacer, más que comenzar las diligencias ministeriales.
Sus restos no tenían pulso. Cuando los rescatistas llegaron él ya estaba frío y morado.
Tristes, sus seres queridos contaron que don Albino padecía depresión. Con los rostros compungidos éstos y algunos vecinos presenciaron el desgarrador momento cuando su escurrido cuerpo colgaba y se hicieron las maniobras para poder bajarlo.
Nadie imaginaba que entre las calles del Circuito de los Cetros y Arco, muy cerca del conocido tianguis de Los Muros, este hombre sufría y se suicidaba.
Las madres de familia del barrio le pidieron a sus hijos de vacaciones que se metieran a sus casas. No quisieron que los menores vieran la desgarradora escena, pero por las ventanas apreciaron el estridente escándalo de las ambulancias y sirenas policiacas.
El cadáver de don Albino fue trasladado a la morgue local para posteriormente poder dar paso a los trámites funerales.
Como un suicida puso fin a sus días desde aquel lejano 1956 en que nació. Todavía este día la gente pasa y señala la casita que ha quedado marcada para siempre por el luto y la tragedia.


