Un doloroso divorcio

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En el transcurso de esta semana vi anuncios en tiendas de deporte en los que se ponían a remate las camisas de la Selección Mexicana de futbol, utilizadas durante la pasada Copa del Mundo de Qatar 2022.

Me llamó la atención que las playeras verdes y las claras con glifos estuvieran a un precio de casi una cuarta parte de lo que costaban antes de que iniciara la justa internacional.

Como ya sabemos, México firmó una de sus peores actuaciones históricas en el Golfo Pérsico, lo que provocó la salida del entrenador Gerardo Martino.

Llega de sustituto y como apagafuegos, Diego Cocca, argentino también, que en unos pocos partidos no ha podido reencontrar el fuego que alguna vez unió a la afición con el equipo. Y parece ser que batallará para reencontrarlo, porque hay un sentimiento de desinterés, desánimo y hasta decepción de parte de la fanaticada.

Hasta ahora, el bonerense ha estado en el banco tricolor apenas tres juegos, con un triunfo y dos empates. Sus números, hasta ahora son insignificantes, si tratamos de traducirlos en la respuesta del público hacia el llamado equipo de todos. No se le puede juzgar aún, por este arranque.

A su favor operan el futuro y los veleidosos cambios políticos y sociales que permiten a la FIFA determinar quiénes serán los anfitriones en sus justas programadas, en este caso la Copa del Mundo 2026. México será anfitrión, junto con Canadá y Estados Unidos, lo que significa que no deberá jugarse la suerte en las eliminatorias, pues califica en automático. De buenas que el organismo rector del futbol universal tiene el buen gusto de incluir al equipo sede con asiento asegurado en la competencia. Estaría rara una fiesta en la que, el que invita, no estuviera sirviendo los tragos.

En su contra está prácticamente todo lo demás. La hinchada está enfadada. Hay una amnesia tradicional que siempre ha sido bien capitalizada por los dueños del balón que saben que la tribuna se contenta con una buena racha, alguna copita de mole, un campanazo significativo. Pero lo cierto es que no se ve, en lo inmediato, que la escuadra de Cocca vaya a proporcionar alguna de esas victorias que reconcilian.

¿Qué viene? Lo mismo. Los teóricos de la programación aseguran que para obtener resultados diferentes hay que seguir procedimientos diferentes, pero los directivos de la Federación Mexicana de Futbol siguen la misma receta de cocina para armar un pastel de fracaso.

En junio habrá una semifinal de Liga de Campeones de Concacaf contra los paisanitos de Estados Unidos, que hace mucho dejaron de ser la masa ascendente que crecía en formación de jugadores y con rotundas victorias en la zona. Lugo viene una Copa Oro, uno de los inventos más obscenos que se hayan hecho en el entorno futbolístico regional. La competencia hecha para capitalizar la rivalidad de gringos y nopales, y generar millonarias ganancias de transmisión de TV, traerá juegos contra Honduras, Haití y Qatar, rivales que no proporcionarán ni un gramo de valor extra a la franquicia.

El año cierra con tres fechas FIFA. Como en esas tocadas donde se improvisa una cartelera, con un artista invitado al final, solo para llenar el espacio, así habría tres rivales aún por determinar que, por lo que se ve, terminarán siendo los mismos conocidos que no apotrarán nada el desarrollo del juego colectivo.

Por encima de los cerros se ven nubarrones cargados de lluvia y tormenta. Es de preocupar el llamado que ha hecho Cocca a las figuras emergentes de México ¿Cuáles? Provoca un poco de inquietud saber que en el once inicial estén como figuras estelares Vega, Antuna, Araujo, Chávez, Sánchez, Acevedo en la puerta. No es que sean malos. De hecho son solventes con la pelota en lo individual. Pero no han lucido como colectividad.

Además no se percibe, de entre todos ellos, un líder.

Aunque el equipo anduvo mal, en un tiempo muy pasado, por ahí sacaban la cara Claudio Suárez, Hugo Sánchez, García Aspe, Ramírez Perales, Nacho Ambríz, Rafa Márquez, Cuahtémoc. Eran tipos que le ponían carácter al parado y proyectaban seguridad. No veo nada de eso en la nueva generación, donde parece que los chavos se esconden para no ponerse la cinta de capitán.

Espero estar equivocado y que este Tri cierre bien el año y transmita algo de confianza a la afición.

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