Correr es una actividad que por donde sea que queramos verla siempre nos trae beneficios físicos, mentales y hasta emocionales, cuando ya le hemos tomado el gusto no habrá nada que nos impida llegar a esa cita con los kilómetros diarios.
Cuando llegamos a ese punto donde correr se vuelve parte de nuestra vida se convierte en algo vital, como por ejemplo dormir, comer, respirar, y es por eso que nada o casi nada puede evitar que salgamos a deleitarnos con algún entrenamiento.
Al leer esto cualquiera pensaría que los corredores somos los seres más optimistas del planeta, que siempre vamos corriendo de muy buen humor y que indudablemente solo tenemos pensamientos positivos mientras nos ejercitamos.
Pero no siempre es así, a pesar de que nosotros mismos sabemos lo que nos va a pasar al finalizar el entrenamiento, es decir esa sensación de bienestar general y esa inyección de ganas de comernos el día entre otras cosas es verdad que a veces, vamos por dentro peleando con nosotros mismos.
Hace unos cuantos días a la hora de entrenar para mi fue uno de esos en los que estaba totalmente instalada en modo negativo, llegué al lugar de reunión para comenzar, saludé como de costumbre a mis compañeros y arrancamos.
Era una de las rutas habituales, a la hora de siempre, los mismos 10 kilómetros que recorremos ese día de la semana, es decir nada diferente a otras ocasiones, pero me di cuenta de inmediato que mi estado mental no me iba a ayudar ese día para nada.
Todo lo que me podía molestar a la hora de correr me estaba molestando, el clima bastante bochornoso y no corría nada de aire, la playera la sentía caliente, la costura de una de mis calcetas estaba un poco torcida y me incomodaba, los tenis que siempre uso los sentía muy duros, primero estaba muy oscuro, no veía bien, y luego cuando salió el sol estaba muy soleado para ser tan temprano, en fin sólo quejas en mi cabeza.
A estas alturas iba sufriendo montones por alcanzar al grupo y eso me hacía estar aún más de mal humor, y las quejas seguían internamente, correr me estaba costando y mucho.
Y de repente no se por qué, (así suelen llegar los pensamientos cuando corremos), se me vino a la mente que hace tres años justo en estas fechas estábamos en pleno confinamiento por la pandemia y me fui en ese pensamiento recordando todo lo que no podíamos hacer y lo atemorizante que se volvió el llegar a contagiarse.
Entonces de pronto todas mis incomodidades fue como si se me hubieran olvidado y empecé a correr bien, ligera y sin problemas, para cuando acordé ya había alcanzado al grupo y estábamos por terminar el entrenamiento.
Ya manejando de regreso a casa, reflexiono una vez más acerca de la importancia de la mente, no solo en los entrenamientos si no en todo lo que hacemos, en este caso en particular lo que hizo ese pensamiento aleatorio fue primero distraerme de lo que me estaba quejando y luego valorar que estaba ahí corriendo y además en grupo cosa que hace tres años era imposible.
Lo quise compartir porque aunque llevemos muchos años corriendo y tengamos ya algo de experiencia en esto, a veces se nos olvida que la mente en el running es de suma importancia, si no trabajamos en ella, por mas condición física que tengamos será imposible alcanzar nuestros objetivos.


