En territorio estadounidense, Rayados le demostró al futbol mexicano que está listo para recuperar su lugar protagónico. Aunque en los últimos años no ha tenido fortuna, ha peleado constantemente la cima.
Desde aquel campeonato de la Liga MX que obtuvo ante el América, en el Apertura 2019, ha estado caminando en el alambre, cerca de dar el campanazo. Tras la salida, en la pasada temporada, de Víctor Manuel Vucetich y la llegada de Fernando Ortiz a la dirección técnica, el equipo observa un rostro diferente, fresco, ofensivo, alegre y con muchas opciones de gol.
El conjunto regio entró como otro más a la Leagues Cup, que reunió a equipos de México y Estados Unidos, en un pequeño torneo de un mes para sacar al mejor de la zona. Sin embargo, luego de echar a Tigres en la fase de octavos, se le tomó en serio.
El juego del 11 de agosto en el Estadio Rose Bowl de Pasadena fue una muestra de que el conjunto está diseñado para alcanzar las alturas. Esa noche, ante el equipo de Los Ángeles, el club regio terminó el primer tiempo con dos goles en contra y sin respuesta. Llevaba en la espalda una lápida muy pesada. Pero se la pudo quitar, para aligerarse y reponerse a esa gran desventaja.
El penal que anotó Canales, el autogol del defensa Palencia y el tanto cerca del final de Funes Mori colocaron a La Pandilla en la semifinal.
Es justo decir que Rayados llegó cansado al compromiso para obtener un boleto para el juego de campeonato.
Más allá del resultado 2-0 en contra ante Nashville, en aquella ciudad, se vio que el equipo regio tiene una vocación ofensiva y que puede enderezar oleadas de embates en la puerta enemiga.
El español Sergio Canales ha caído bien. Aunque no es el motor del equipo, sí se ha acoplado bien con Funes para hacer una dupla de miedo. El argentino no está en su mejor momento, pero deberá superarse ante la grave lesión que sufrió Berterame, que era su compañero en el ataque.
No se ve nada mal una media cancha con Romo, Govea, Rojas y Meza, apoyados por dos laterales que se despliegan por las bandas como Aguirre y Gallardo. En realidad, luce como una formación de Selección Nacional.
Ahora es necesario que los regiomontanos reafirmen el resurgimiento. Han demostrado que van en serio, que se han armado pacientemente para ocupar un asiento en la mesa de honor, en un tablero en el que los llamados grandes ya no son los que mandan. Desde hace años, como pelotón, se han desdibujado para dejar su sitio estelar a otras escuadras con menos renombre o con menos horas de transmisión en la TV nacional.
Por eso viene ahora para Rayados el resto de la temporada doméstica de México. Apenas se han jugado cuatro fechas y queda un largo recorrido para cerrar con entusiasmo. El futbol mexicano necesita que el conjunto norteño siga conectado y que se enganche en el tren que lo puede llevar a otra liguilla, una eventual final y un nada imposible gallardete.


