‘Vendré al panteón hasta que la muerte me lleve a mí’: Oralia Cerda

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FOTOS: ANDREA JIMÉNEZ
Monterrey, N.L.-
Desde hace 50 años doña Oralia Cerda Gómez celebra el 2 de noviembre de la manera más tradicional: colocando un altar en casa y visitando a sus difuntos en el panteón Dolores de Monterrey.

De manera ininterrumpida su rutina de cada Día de Muertos es llegar con una escoba y una cubeta para limpiar la lápida que resguarda los restos de sus padres, que yacen ahí desde hace 50 y 20 años. Y es que no se trata solamente de concreto y mármol sino de la última morada de sus seres queridos y a donde llegarán durante la festividad.
PANTEON
Con 7 décadas a cuestas, la vecina del municipio de Guadalupe no escatima en esfuerzos para darle el mejor recibimiento a sus padres, aunque sus hijos más jóvenes le pidan que ya no vaya y mejor se quede en casa a descansar.

“Hay algunos de mis hijos que me piden que ya no venga, que mejor me quede en casa, pero no. Mientras yo pueda aquí estaré, vendré al panteón hasta la muerte me lleve a mí porque es la manera que tengo en honrar a mis muertes”, dijo la ciudadana.

Y aunque en los últimos años la tradición mexicana del Día de Muertos ha ganado admiración entre la comunidad internacional, entre los locales la esencia de la tradición se ha ido perdiendo poco a poco, de acuerdo a la septuagenaria.

“Hoy te puedo decir que sí hay mucha gente en comparación con el año pasado, pero nada que ver cuando yo era joven, esto se llenaba como no tienes una idea. Hoy, las nuevas generaciones están más encantadas por el Halloween”, aseveró.
PANTEON 3
Y para muestra un botón: al menos siete lápidas alrededor de la de sus padres permanecían sin visita, incluso algunas sin limpieza.
PANTEON 4
Con tristeza, doña Oralia piensa que la celebración prehispánica se está perdiendo entre el dinamismo de Monterrey y pide a lo más jóvenes retomarla. Para ella, como con muchos otros, visitar a sus difuntos el 2 de noviembre es la oportunidad de contactar nuevamente con los que ya pariteron del plano terrenal de una manera espiritual.

“Me reconforta mucho estar aquí, platicar con ellos, dedicarles una oración, es como si estuvieran aquí otra vez”, puntualizó.

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