Regala Sabina una noche mágica para sus fans en Monterrey

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Monterrey, N.L.-
Más que un concierto, lo que se vivió la noche del 11 de noviembre en una Arena Monterrey -que lucía llena a tope- fue una fiesta de despedida a un gran amigo.

Joaquín Sabina, el juglar de una generación, el cómplice perfecto para las noches de copas, besos y desamores; llegó a Monterrey con su gira “Contra Todo Pronóstico” y 17 mil 600 de sus seguidores no dudaron en acudir a la cita.

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A nadie le importó que “el flaco de Úbeda” con sus 74 “tacos” a cuestas ya no está en su mejor condición física (el 95 por ciento del recital lo pasó sentado), pues sabían que llegado el momento, cuando la garganta se le ha rendido, el corazón iba a entrar al quite.

Fue tal la devoción al cantautor español, que la fanaticada perdonó la demora de 50 minutos para que arrancara el concierto luego de que la consola de sonido decidiera tronar ruidosamente.

Al final la espera valió la pena, pues Sabina y su banda, liderada por su “extremo izquierdo” y eterno acompañante, Antonio García de Diego, ofrecieron un recital con una selección de 20 canciones que representan al Sabina nostálgico, sin dejar fuera los éxitos infaltables.

Fue así que el público disfrutó temas como Cuando era más joven (que arrancó la noche), Sintiéndolo mucho, Lo niego todo, Mentiras piadosas, Por el bulevar de los sueños rotos, Tan joven y tan viejo, Una canción para la Magdalena, 19 días y 500 noches, Peces de ciudad, Y sin embargo, entre otras.

Incluso, en un par de ocasiones Joaquín abandonó el escenario para permitir que su banda interpretara sus versiones de Yo quiero ser una chica Almodóvar, La canción más hermosa del mundo y El caso de la rubia platino.

Dueño del escenario y conocedor de que lo que gente esperaba de él, Sabina dialogó con los regios a quienes no dejó de agradecerles su paciencia, su cariño y que lo hayan seguido durante todos estos años.

Como era de esperarse, en momentos regaló coplas dedicadas a Monterrey y aprovechó para saludar (con un tono de despedida), a todos los amigos que esa noche, como tantas otras noches atrás, lo han acompañado en su presentaciones en tierras regiomontanas.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando el cantautor se conmovió hasta las lágrimas luego de una larga ovación de su público, quien con sus palmas quiso agradecer tantos años de canciones que están tatuadas en el imaginario colectivo.

Como era de esperarse, la noche terminó con Noche de Bodas/Y Nos Dieron las Diez, que fue la excusa perfecta para que todos, abrazados, despidieran a Sabina del escenario.

¿Será la última vez que veremos a este mítico cantante en un escenario de Monterrey? Quizás sí, nadie lo sabe.

Lo importante es que la noche el 11 de noviembre, ha quedado grabada en la memoria y los corazónes de 17 mil 600 regiomontanos.

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