‘Hosco’ y yo: Si me pareciera un poco a él…

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Monterrey, N.L.-
Ni hablas ni lees, pero eres mi maestro. Mi ignorancia se admite y tus enseñanzas de vida se reconocen.
Esta podría ser la última vez en tu vida que me dirija a ti, aunque concedo que a quien en verdad escribo es a mí.
HOSCO 2
¿Eres tan buen actor que me haces creer que mejora tu salud estando a mi lado? ¿O tan sensible que te contagias de mis deseos? En cualquier caso, me siento importante cuando compruebo que acompañándote tu energía renace.

Sumamos ya más de 13 años viviendo juntos periodos de desvelos y carencias continuas, por supuesto también de eventuales satisfacciones.
HOSCO 3
Desde tus primeras madrugadas me acompañaste en experiencias de trabajo cuasi surrealistas, como aquella en la que traté de escribir el discurso de un gobernador que deseaba promover el turismo, objetivo tan coincidente con el mando de la secretaría del ramo que la información enviada por su personal fue la del menú a ofrecer después del evento promocional. Sólo eso.

Movías la cabeza de un lado hacia otro cuando retiraba mi vista de la pantalla de la computadora, para conocer tu opinión acerca de la responsabilidad y hasta temor que sentía cuando mis discursos eran leídos sin cambio alguno, sabiendo que para unos públicos significarían ideas o directrices a seguir, y para otros la oportunidad de encontrar errores o motivos para denostar a quien los leía.

Ni me recuerdes cuando me debatía entre pensar si esos productos tenían calidad o carecían de importancia para quienes los necesitaban como requisito de un programa y luego echaban a la basura.

Describir con amplitud lo que viví contigo en el ámbito personal sobraría aquí. Esas experiencias fueron sólo tuyas y mías.

¿Cómo olvidar que en la soledad de la montaña me despojaba de la careta de “valiente” y pedía que sacaras de la vereda en la que corríamos a las astifinas vacas que nos encontrábamos? ¿Cómo no empaparme de los orines que ya no puedes contener, si recuerdo esos días en los que sin comer permaneciste al lado de mi cama dándome la mejor medicina: tu compañía?
HOSCO 4
No me mires así, compañero, pues, aunque la luz de tus ojos empiece a apagarse, descubres mis contradicciones. Por favor, amigo, no me cuestiones con esa forma de verme, de la que ni apretando mis párpados puedo evadir.

No quiero despedirme de ti, pues nada hay más absurdo que planear la vida, por definición serie de episodios imprevisibles.

Prefiero expresar sólo un deseo: que seas el primero en regresar a la nada.

Si no fuera así, “Hosco”, tu lealtad ejemplar de perro haría que esperaras mi regreso hasta el último de los latidos de tu corazón.

Si tan solo fuera un poco como tú…

…………
MANUEL
Manuel Rivera
Bombero de corazón y aprendiz de periodista
[email protected]

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