Latidos Comunitarios

Últimas Noticias

Hice mía una frase en mi corazón y mi alma que me dijo un amigo estimado, un día antes de llevarse a cabo el cuarto homenaje luctuoso de mi señor padre, maestro y compositor, Pedro Reyna Cisneros (1945-2019), es de lo más sencilla pero la valoré porque la leí entre líneas y en su justa dimensión, hoy les platico en detalle de ello; para lo que haré con agrado un recuento breve de la historia de quienes anteceden estas bellas estrofas por el orgullo de pertenecer y ofrecer a todos ustedes, la música y la herencia que dio identidad a un pueblo: los hermanitos Reyna Cisneros, Cornelio y Pedro al completarse se encargaron de sembrar semilla con su talento, don de gente y sobre todo su humildad; corría el año de 1960.

“No estás sola Paty”, me dijo mi buen colega locutor, Santos Abrego Ortega (claro que conoció a los hermanos Reyna Cisneros y parte de la familia Gallardo); y amigo personal de los hermanos Cornelio y Pedro Reyna Cisneros, en la colonia Rosita, contigua a Longoria; entonces ahora más que nunca comprendí que las amistades de mi padre son también las mías, de los amigos de los dos hermanos, como en el caso de Abrego Ortega y muchos más “porque ya también te respaldan, porque ya también son tus amigos” prosiguió; y acepté por eso, con agrado, con risas y melancolía que ya también son mis amigos que de igual manera apoyarán para realizar el busto en honor a Pedrito, en un lugar de Reynosa.

Cuánta razón “abrazan” esas cortas pero significativas palabras que se expresan cuando se reconoce el aprecio que sienten por mi persona y mi trabajo para honrar la dinastía Reyna Cisneros cada año; aunque para ello, sin duda primeramente “Cony” y Pedrito supieron ganarse el respeto y el aprecio fraterno de decenas de seres queridos reynosenses y de otras partes del mundo, así como un lugarcito muy merecido en el gremio, en el mundo del espectáculo siempre a base de sencillez, eso la verdad me encanta y es como la cerecita del pastel, y por eso digo sin presunción: “Yo soy Pedrita”. Ese fue el ejemplo que nos dejaron, veía tan natural su don que lo decía sin vanidad en su primer plática: “yo soy compositor”, me cuentan amigos nuevos, y sí lo creo…

Así es que gracias queridos, ustedes dieron marco perfecto, sus presencias y demostraciones de amor y respeto a los homenajeados se fueron latentes, así lo sentí y también es correspondido. No estamos solos, nos encontramos juntos como la gran familia que somos y que ya verán de lo que seremos capaces de hacer si nos lo proponemos, ya no se gana solo, se gana en grupo.

Entonces, ¿quién recibirá la estafeta para el relevo siguiente? de eso se trata. Va por esos recuerdos que cada uno de mis cercanos tienen de mi familia hermosa, bohemia de corazón, quienes sin muchos estudios en el aula y forjados con trabajo digno en cuna humilde, alcanzaron éxitos, satisfacciones y cariños hasta donde llegaron sus acoples, porque lo que dejamos de huella en este mundo es lo que cuenta y si se trata de unir almas, enamorar con letras y música, ello jamás se olvida y la generación siguiente la conocerá.

Hoy el cuarto homenaje en memoria de Pedrito Reyna Cisneros, que al igual que mi tío Cornelio nacieron en la ciudad de Saltillo, Coahuila, llegaron de Monterrey, Nuevo León, luego arribaron la frontera de Reynosa, donde al recorrer con su caja de bolear (en el caso de papá Pedro) sus calles, visitar el centro, el mercado “Zaragoza” y conocer personajes como Reynaldo Martínez Ledezma “El Gallero”; Reynosa los adoptó, los hizo parte de su historia nativa de ese entonces a inicios de los 60s. A cambio, ellos les darían el regalo más bello, artístico, creativo y sobretodo difícil de superar; el origen de la música norteña regional. Que en poco más de 10 años el hermano menor, Pedrito, descubriría eufórico ante Cuquita, su musa inspiradora: “Ya sé lo que vale una canción registrada” (en la Sociedad de Autores y Compositores de México (SECAM).

En esta ocasión la celebración póstuma de papito Pedro Reyna Cisneros, quien murió un 3 de diciembre del 2019, dormidito, muy repentino, pero rodeado de sus allegados; inició con un video corto muy emotivo porque se presentó a una de sus herederas. Por primera vez, Gemma Guadalupe Cázares Reyna hija de María Guadalupe Reyna Gallardo y Alejandro Cázares Díaz, cantó “El Alfarero” para proyectar la relación inspiradora que ambos se profesaron cada vez que interpretaban en la casa mayor, con los acordes de la guitarra de papá y la voz melodiosa de mi sobrina. Ambos lo sabían y a mi papá le entusiasmaba aún más, percibió en Gemma su orgullo del talento nato, de “a oídas” (como le pasó a él) y sinónimo de continuidad a esa herencia a la que él siempre hacía alusión de su familia generación tras generación. Orgullo que muchos en el mismo clan no valoramos hasta que ya no estamos juntos, hasta que uno a uno se tiene que ir porque así lo quiere Dios.

Hacer crónica de ambos hermanos al mismo tiempo y de amigos que los acompañaron en su travesía con melodías escritas “con amor bonito” es inevitable, porque Cornelio (1940-1997) era mayor que papá por cinco años, comenzó a escribir sus canciones más chico, ya para los 17 ya había escrito su clásica de enamorados “Mi Tesoro” (pero aún sin dimensionar el valor monetario y por tanto, tampoco otorgar su nombre de autoría en SACM). Porque fue hasta 1977 cuando se decidió viajar a la Ciudad de México con el objetivo de registrar las composiciones que años antes ya habían sido éxitos y que abrieron las puertas para los inolvidables “Relámpagos del Norte”, grupo compuesto por Ramón Ayala, al acordeón, cuyo nombre verdadero es Ramón Covarrubias Garza, nacido en Monterrey y avecindo también en Reynosa y Cornelio con el bajo quinto.

Algunas de las canciones que registró don Pedrito Reyna Cisneros en 1977 en SACM, para lo cual nos dejó encargados con mi títo José Luis (QEPD) en su casa de Guadalupe, Nuevo León, fueron: “Mi Tesoro”, todas con letra y música, de su inspiración, “Si yo me hiciera Millonario”, “Mira mi sufrir”, “Alma Gemela”, “Casi un Año”, entre otras, todas interpretadas inicialmente, como lo mencioné, por el grupo muy original, con estilo y sentimiento propio de “Los Relámpagos del Norte”. Fue en el sector conocido como “Los Rieles”, ubicado en el centro de esta ciudad, donde se recuerda a mi tío con busto de bronce al frente de una cantina denominada “El “Tenampa” en su honor, en reconocimiento a su trayectoria y legado que dieron origen en Reynosa, Tamaulipas.

En el transcurso de los homenajes organizado con el propósito de convivir y hacer fiesta del recuerdo de mi padre, principalmente, proyectamos a todo color videos cortos, los saludos por la estima sincera de amigos en dedicatorias a Pedrito y que se encuentran lejos como Los Pulido, Roberto y su hijo Bobby, quienes de manera tan sencilla sintetizaron que: “Extrañamos al buen Pedro todos los días, es un gran compositor, uno de los buenos. Y qué decir de Ricky Muñoz, líder de Intocable al ser franco y reafirmar con la canción ‘Y todo para qué’, le damos todo el crédito, el éxito de ‘Intocable’ y a don Pedro lo recordamos como un buen compositor, pero mejor persona”. En el programa ‘Historias Engarzadas’ de TV Azteca, tiempo después, él había dicho que esa canción ya lo tenía «fastidiado», esto en alusión a que la gente la solicitaba en cada presentación. (al escuchar esto mami se molestó, pero él mismo se encargó de aclarar y confirmar que: “nosotros nos debemos a nuestro público”. Imaginen incluir una canción, casi, casi obligado. Comprendo al cantante).

Evocar esa frase que me llevo por siempre en mi corazón: “Paty no estás sola, tus amigos y los colegas de tu papá también estamos contigo”, me llevan a proseguir con este trayecto eternamente, a escribir esta sensible crónica de vidas, el legado que los hermanos Reyna Cisneros, que en paz descansen los dos, incluso con Ramón Ayala, porque el programa que actualmente hicimos y que se proyectó en el auditorio del Instituto Reynosense para la Cultura y las Artes (IRCA) de la colonia Longoria; realmente los disfrutamos, hoy los comentarios de complacencias durante y después del encuentro bohemio, como les digo, verdaderamente resultó muy positivo. Disfruté con orgullo cantando y bailando, un poco antes de comenzar, con “Gallero” del deleite porque con los seres queridos todo es felicidad y gozo.

Y que viva la música norteña regional del merito Reynosa, con signos de admiración, hoy llamada de la frontera chica, al noreste de Ciudad de México, hasta donde llegaron camadas de hombres y mujeres tocados por Dios para fincar historias originales en este lindo género musical, en sus albores, cuando fue llamada “Reynosa Díaz” porque era un ejido y sólo tenía extensas áreas desoladas. Con honras también evoco a mis abuelitos, papás de Cornelio y Pedrito, y de otros hermanos quienes, por igual, heredaron la composición y el canto; ellos en realidad son la esencia de la historia, mis abuelitos inolvidables: ¡María de las Nieves Cisneros Almaguer (1920-1990) y Román Reyna García (1919-1991) y de quienes, por supuesto les debemos una mención aparte, una descripción de sus historias, ¡Benditos sean eternamente!

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -