Como decían en el pueblo: “el que tiene más saliva, ése traga más pinole”. Y pos era mucho la presumidera del Gral. Antonio López de Santa, entonces presidente de México de que la podía ganar de todas, todas.
Por eso fue un presidente que no le gustaba atender en Palacio Nacional y dar sus “mañaneras”, sino acompañar a su ejército para empuñar su espada y preparar su fusil o su florete.
¿A quién se le ocurrió autorizar que el primer mandatario de la Nación, Santa Anna, se expusiera en una guerra?
Los historiadores mencionan que la llamada Intervención Norteamericana fue una lucha cruel, sangrienta, los invasores se metieron casa por casa en Barrio Antiguo, masacrando familias enteras.
Después de Texas, que antes se llamaba “Coahuila y Texas” en la época de la Nueva España, pero como el territorio del norte estaba tan alejado, tan distante, el Congreso no le puso mucha atención para su cuidado. Y pos nuestro presidente se la pasaba en la calle, tratando de recuperar tierras.
Esta es la historia que no reconocen los estadounidenses, que no cuentan en las escuelas, que arrebataron a la mala territorios enormes a México, con la excusa que los herederos de los aztecas mataron a inocentes en el Alamo.
Y claro, imagine que usted tiene un rancho que compró, pero como no lo habita, empiezan a ocuparlo gente extraña.
Eso sucedió con México, que los colonos gringos empezaron a acudir a esas tierras para vivir que no eran de ellos, con la consigna de que serían suyas, como dijo Emiliano Zapata “la tierra es de quien la trabaja”, pero esa es otra historia.
Y pos los güeros se adueñaron de las tierras, hoy llenas de autopistas y malls, que conste que en Monterrey y la CDMX hay un chorro para realizar el “shopping”.
En la actualidad no hay una avenida importante que se llame Santa Anna, ningún estado o ciudad, bueno hay un pueblito en Sonora, pero ni quien se acuerde del general, no hay estatuas que lo pongan como un gran caudillo.
Aunque sé que en Veracruz sí lo mencionan, lo mismo en Tampico, pero eso fue posterior, porque sabrán que luego que los gringos se quedan con las tierras después de las guerras, los franceses también querían parte del rico “pastel”, por eso recuerdan la Batalla del 5 de Mayo y hasta los gringos la festejan cada año en los United States.
¿Por qué no tiran cuetes al cielo el mero 2 de febrero?
Porque ese día en 1848 se firmó el Tratado Guadalupe-Hidalgo, que fue cuando se acordó “donar” el 55 por ciento del territorio mexicano a los americanos. La firma la hicieron de Nicolás Trist, comisionado de Paz de los Estados Unidos, y por los mexicanos Bernardo Couto, Miguel Aristáin y Luis Cuevas.
Por eso Santa Anna se lava las manos como Poncio Pilatos. Y a él lo recuerdan como traidor.
El 11 veces presidente, aunque a veces en periodos de meses, a él lo llamaban en el Congreso para que fuera a la guerra y combatiera personalmente. Y pos como que no se le salieron buenas las estrategias de guerra ante los “bolillos”, osea los vecinos del norte.
Piensa compa, que si en Reynosa hay mucha tierrita y un calorón, en aquellos tiempos de 1830-47, pos estaba repior por esas tierras del norte, que entonces comprendían en gran tamaño Texas, Nuevo México y la Alta California.
Si apenas la Alta California la forman actualmente California, Nevada, Arizona, Utah, Nuevo México, el oeste de Colorado y el sudoeste de Wyoming.
Eran territorios enormes, cuando la Rosa María fue a visitar a su prima de Los Ángeles, Betty Bribiesca, quedó impactada por aquel recorrido desde acá cerca de Texas. ¿Y qué hay para comer? Cuando vas por esos freeway tan modernos te encuentras con burritos de carne asada, disque lo inventaron los texanos. Ajá.
En aquellos tiempos se tardaban meses para trasladarse en carretas y los soldados mexicanos ¿qué es lo que comían? Galletas, pinole y carne seca. Pero los gastos de la guerra, no fueron apoyados por todos los estados del país, que vivían mucha incertidumbre y se necesitaban recursos económicos para mantener a las tropas.
Pero esa experiencia del ejército norteamericano, con apoyos constantes en sus ejércitos, mejores armas y cañones, le dieron el triunfo a su país. Que luego digan que “pagaron” 15 millones de dólares por los territorios anexados es otra cosa.
Por eso cuando voy al otro lado, como muchos de mis primos que me dicen ¿y cómo están las carreteras para cruzar a McAllen?
Les digo no se preocupen, son seguras, así como antes había comanches, filibusteros y apaches en los caminos. Parece que no han cambiado los tiempos nadita.


