Ciudad de México.-
Son conocidos como los “Voladores de Papantla” y realizan la hazaña de subir un palo largo de 30 metros hasta donde se colocan cuatro voladores, quienes se sientan pero están protegidos con una soga amarrada en su cintura.
A lo alto está uno más que toca la flauta con melodías de tipo prehispánicas, también un pequeño tambor, representando el sonido de las aves.
En su movimiento se van desenredando y se supone que realizan 52 giros hasta llegar al suelo, el mismo número del calendario mesoamericano y que señala un nuevo ciclo de vida.
Ismael Jiménez, el dirige al grupo de voladores, dijo que no sienten miedo al subir a lo alto del poste para realizar su ritual.
“Ya estamos acostumbrados, desde pequeños a los 8 años y tenemos como 6 años de entrenamiento, más o menos, lo hacemos casi toda la vida”, explicó.
Señaló que tratan de conservar este tipo de tradiciones mexicanas y procuran fomentarlas.
“Con un cordón se amarran a la cintura y aprendemos lo que es la danza; en el grupo somos siete en total, pero solo participan cinco”.
El grupo que promueve la cultura totonaca, se queda hasta tres meses en la Ciudad de México y luego van visitando varias ciudades cercanas, para realizar su presentación.
El ritual va dirigido a los dioses del sol y de la lluvia, para que se fertilicen las tierras del campo y lleguen buenas cosechas, dijo.
Esta tradición es una de las tradiciones indígenas más emblemáticas de México, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el 2009.




