Dudé mucho en escribir sobre ‘Tela’, quien derrochó amor a sus hijos y nietos, otros parientes y a quien alcanzara.
A mis amigos, gracias por sus condolencias en estos momentos. Duele y mucho la pérdida de una madre, saber que no la podrás ver nunca, pero queda en la memoria tantos recuerdos de sus muestras de cariño.
La esposa de don Chuy (así le decían) fue una gran compañera de vida, quien adoró a sus seis hijos y los apoyó para que salieran adelante en sus proyectos.

¿Sabes brody el concepto de darlo todo sin esperar nada a cambio? Esther Villarreal Garza (de Montemayor) nació en Monterrey y contaba que conoció a su novio en una ocasión que fue a repartir pan cerca de su casa, pues el guapo vendedor llegaba en una camioneta panadera a ofrecer casa por casa.
-Tela, invita a Chuy al baile que hay el fin de semana-, le dijo Nena, su hermana.
Entonces se armó de valor y le hizo la invitación en un negocio cercano al barrio de la plaza de Santa Isabel.
De ahí empezaron a salir como novios y el resto es historia. Sí, detrás de un gran hombre, hay una gran mujer y ella siempre lo apoyó desde que venía de Higueras, un pueblo famoso por la Fiesta de las Luminarias o la Quema de la Candelilla, cada 11 de diciembre, en que los pobladores queman gavillas de ramas que cortan con los pies de los cerros y que contienen algo de cera. Les recomiendo ir alguna vez para que conozcan esta tradición centenaria.
Y sí, la Rosa María Rosy Cipres de Montemayor también la vio durante 10 años, en los viajes frecuentes a la Sultana del Norte para prepararle caldo de hueso, sopa de fideos y de verduras, gelatinas de sabores, para que estuviera bien nutrida.
Pero en noviembre del año pasado en una caída en la noche se quebró el húmero y de ahí ‘pal Real, se vino para abajo, decayendo a tal grado que terminó en cama sin movimiento, no tenía fuerzas para sentarse en la cama, mucho menos para caminar un poco a sus 95 años.
De ser una mujer muy movida, que me cansaba al ir al HEB por todos los pasillos, para comprar algo de súper, se fue quedando bien desguanzada, dormida todo el tiempo, por lo que requirió un par de enfermeras y una cuidadora para atenderla en un horario de 10:00 de la mañana a 3:00 de la tarde. ¿Y el resto del día? Mi hermana Lety la apoyó para cubrir todo el día y en la noche.
Se volvió muy pesado cuidarla, yo iba a Monterrey a quedarme cinco días al mes, tratando de estar con ella. Ella no quería que la lleváramos a una casa de reposo, hasta apenas un mes, donde la atendieron quince días.
Después dejó de comer, que ya era dieta líquida y de urgencia la llevaron al Hospital Conchita, donde nací en la colonia Obispado, que ahora es Christus Muguerza; ahí estuvo tres días con asistencia respiratoria mecánica con aparatos.
-Tienes que venir a Monterrey, no sabemos cuánto tiempo va a vivir Mamá-, me dijo angustiado mi hermano Lacho. Y la Rosa María me insistía “¡Vete ya, ahora!”.
Fue entonces que al llegar me quedé a dormir en la sala de visitas de cuidados intensivos del Conchita, muy incómodo en sillones duros.
Al día siguiente fui a bañarme a la casa de Cumbres, me relajé para ver el partido de México-USA de la Copa de Oro, pero también me llaman para ir de inmediato al hospital. Al parecer tuvo un infarto.
Ver a mi madre en la cama calladita, con respirador, la alimentaban con sonda nasogástrica por la nariz, y los números de una pantalla muy bajos de oxigenación, la frecuencia cardíaca y su temperatura, entre otros valores.
-¿Ya falleció? -, le pregunté a una enfermera de cuidados.
– No, puede durar más tiempo.
Siento que no querían decir la verdad, pero al rato que regresé entraron mis sobrinas y sobrinos para hacer un medio círculo cerca de su cama y rezar un Padre Nuestro tomados de las manos.
– Aquí estamos Mamá. Vamos a estar bien y nos llevaremos bien. No te preocupes, soy Pepe, “el Prieto”, como me decía de cariño.
Ya no está en este mundo, pero me dejó un pedazo de su corazón que se quedó dentro de mí. Gracias a Lety, Chuy, Laura, Ricardo (✞) y Lacho, a las sobrinas y sobrinos, a los amigos por sus palabras de aliento. QEPD.


