Termina el Mundial de Clubes y comienza el torneo de la Liga MX.
Las dos competencias son de futbol, pero con características diametralmente diferentes y de calidades tan distantes, como planetas de galaxias separadas.
Después de ver las más luminosas estrellas del orbe desfilar sobre las canchas de Estados Unidos, resulta doloroso voltear hacia las de México y constatar la pobreza, y a veces hasta miseria, del juego en casa. Nadie puede ser acusado de racista, xenofóbo o malinchista por confirmar parámetros más diferentes entre estas dos competencias, que muestran los extremos existentes del juego en el planeta.
En el rol del mundialito estaban inscritos clubes como Real Madrid, Bayern Múnich, Paris Saint-Germain, Inter, Chelsea, Juventus Manchester City. En el reflejo grotesco del espejo, acá en el circuito del nopal, están Mazatlán, Puebla, Xolos, Querétaro, Juárez, Atlético San Luis.
La semana pasada se enfrentaron parisinos contra madrileños. Como si desfilaran en una pasarela de la semana de la moda de Milán, el público vio a Mbappé, Vinicius, Donnarumma, Hakimi, Marquinhos, Bellingham, Valverde, Dembélé, Curtois.
En la jornada uno del torneo MX se enfrentan Tijuana y Querétaro. El público debe prepararse para disfrutar las actuaciones de Jackson Porozo, Jesús Piñuelas, Unai Bilbao, Kevin Escamilla, Frank Boya, Ronaldo Cisneros.
La distancia que hay entre las ligas europeas y la mexicana es equivalente a la que hay entre Berlín y Moscú, si se intenta la travesía a pie. Parece un recorrido imposible, igual que cualquier intento de una por alcanzar en nivel y prestigio a la otra.
¿De qué depende esa diferencia entre lo que se ve en un torneo de clase elite y la competencia nacional? ¿De dinero? Seguramente. Los equipos categoría platino que juegan en el Viejo Continente han elaborado modelos de negocios para hacer extremadamente rentables a sus equipos, con inversiones revolventes para firmar superatletas espectaculares, devenido, esto, en mejores resultados, nuevos aficionados, fidelidad de quienes ya están, y una espiral ascendente de ingresos, que les permiten mejorar más y más a sus elencos. Pero, además cuentan con cerebros financieros listos para expandir sus organizaciones y diversificar las opciones para agenciarse ingresos cada vez mayores.
México y sus equipos están estancados en una conformista y mediocre sistema que les permite únicamente pervivir. Se pueden diferenciar solo unos pocos clubes como Tigres, Rayados y América, que han sabido invertir con sabiduría, para obtener buenos réditos pecuniarios y galardones deportivos significativos.
Los demás, se han amorcillado en las ganancias obtenidas por los siempre redituables derechos de transmisión y venta de espacios publicitarios, cantidades que les permiten distribuir réditos entre los socios, para mantenerlos contentos, independientemente de los resultados del equipo y la tristeza permanente de su base de seguidores.
Los clubes aztecas no figuraron en este Mundial de Clubes, que termina el domingo 13 de julio, Pero ojalá todo el sistema de competencia del país reflexiones y siga los ejemplos de los clubes grandes, siempre espectaculares, siempre elegantes y siempre forrados de euros.


