‘Ch’ de Chihuahua, ‘ch’ de chingones

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Con sus sendas preseas de plata en los recientes Campeonatos Mundiales de Atletismo de Tokio, el lanzador Uziel Muñoz y la marchista Alegna González demostraron no ser producto de la casualidad.

Ninguna medalla de estos niveles es por azar, como tampoco es producto de la extrañeza, como muchos suelen ver este tipo de resultados.

Los aguerridos atletas, él nacido en Nuevo Casas Grandes y ella en Ojinaga, tuvieron un momento decisivo en sus competencias y lo aprovecharon al máximo para no dejar ir la oportunidad que brinda estar en el Top 10 mundial.

Muñoz, octavo en los Olímpicos de París, sabe bien que las posiciones en la alta competencia dependen de lograr el lanzamiento más óptimo posible en toda la serie, aun y que al final las diferencias se den por escasos centímetros, por lo que bien se puede ser primero como terminar en octavo.

Su sexto impulso de la final reunió todas las fuerzas a su favor y salió un espectacular tiro de 21.97 metros, tan solo 37 cm por detrás del lanzamiento ganador del estadounidense Ryan Crouser, triple campeón olímpico.

A González la retribuyó su inconmensurable consistencia de los últimos años, tanto en la clasificación mundial como en los resultados, pero le faltaba la medalla tras varios quintos puestos; por ello, bien ganada, bien merecida.

En un punto de la competencia, de 20 km, la mexicana plantó cara a la española María Pérez, múltiple medallista mundialista y olímpica, y amplia favorita para quedarse con el oro. Sin embargo, la española batalló para soltar a González, sacándole 12 segundos de diferencia.

Ambos logros alientan para el futuro inmediato. Muñoz y González ya entraron al selectísimo grupo ganador del envidiable Top 10. Ahora lucharán por mantenerse y apretarán todavía más en todo su entorno: entrenos, salud, cuidados personales, vida social, etc.

Al margen de toda la serie de competencias que tendrán, como nacionales, regionales e internacionales, los Mundiales de Pekín 2027 y los Olímpicos de Los Ángeles 2028 están a unos cuantos pasos y las posibilidades de podio son latentes para ambos deportistas.

También debemos reconocer a los entrenadores de ambos atletas, el cubano-regiomontano Alejandro Laberdesque atrás de Muñoz, y el mexicano Ignacio Zamudio al lado de González. Sus equipos interdisciplinarios también ameritan un fuerte aplauso.

El anverso

En contadas especialidades deportivas México puede realmente competir en el ámbito mundial. Nótese que hago énfasis en “especialidades” y no en deportes, y también remarco el verbo “competir” para diferenciarlo con claridad del de “participar”.

Cómo distinguir cuándo se puede competir, relativamente es fácil: cuando se tiene el nivel de cuartos de final en un mundial de deportes de conjunto, cuando se alcanza la final “B en una copa mundial o en un mundial, o cuando se llega a una final mundial u olímpica y así podríamos enumerar más ejemplos.

Cuando se acude a pruebas de nivel como los Mundiales de Atletismo con la intención de foguearse, de ganar aprendizaje o cuando apenas se calificó con el mínimo y esa marca o puntos ni siquiera dan para estar entre los mejores 20 del mundo, entonces se va a participar.

Seguramente estos pronunciamientos se tengan como fuertes, pero parto de la razón de que el resultado deportivo es cruel cuando no se alcanzan altas cotas.

Dentro de la reducida delegación mexicana que participó en estos Mundiales la mayoría de los atletas fue a participar.

Dejaremos de lado los cuestionamientos de siempre: que no hubo apoyo, que no tuvieron fogueo, que viajaron limitados para la adaptación al horario, que el calor y la humedad los afectaron, que el circuito fue duro y mil cosas que salen a flote cuando las cosas no se dan…

Se rescata el valioso resultado del marchista Ricardo Ortiz en los 20 km: décimo segundo con registro de 1h 20’36’’, por 1h 18’35’’ del ganador, el brasileño Caio Bonfim.

Fuera de este resultado, la marcha mexicana masculina sigue en vertiginoso declive: lugar 33 de Noel Chama en la misma prueba y descalificación de José Luis Doctor, igual que en París 2024.

En los 35 km, ni Doctor, ni Andrés Olivas ni Julio Salazar terminaron la prueba. Más penoso aún.

Fuera kenianos

Las consecuencias de haber incurrido en dopaje y de tener muchos atletas suspendidos, se reflejaron para Kenia en el fondo de los Mundiales, siendo que antes arrasaban con los podios.

Esta vez ningún keniano logró podio, y por el contrario figuraron atletas de países que muchas veces han estado cerca de presea mundialista, pero que la aplanadora keniana prácticamente se los prohibía junto con sus “hermanos” etíopes.

Los 5 mil metros fueron para el estadounidense Hocker; seguido de Kimeli, keniano, sí, pero radicado y naturalizado en Bélgica, y del francés Gressier.

El mismo Gressier ganó los 10 mil metros, siendo el primer atleta de etnia “no negra” en ganar un mundial en esta carrera. El etíope Kejelcha fue segundo y el sueco Almgren tercero.

En el maratón tampoco se vieron los kenianos: ganó el tanzano Simbu, luego terminó en segundo el eritreo-alemán Petros y en tercero el marroquí-italiano Aouanis.

Tanto nivel entre ellos, demasiados fondistas y tanto dinero en premios llevó a muchos kenianos a romper las reglas del juego limpio y ahora el mundo los mira con recelo y lo que antes fue total admiración hacia ellos se convirtió en un montón de dudas sobre su real potencial de los últimos años.

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