Si se entiende por casualidad el hecho que deriva de una combinación de circunstancias imposibles de anticipar y evitar; que el hecho casual es imprevisto y no puede sortearse, entonces, no puede atribuirse a la casualidad lo que está ocurriendo en México en los días que corren. Hoy, como el 1968, hay un abierto injerencismo en el acontecer interno; los jóvenes, más bien dicho, los estudiantes, vuelven a ser la carne de cañón y los ultras se agrupan y se aprestan a dar la batalla.
Quienes han logrado despertar con la revolución pacífica de las conciencias, están obligados a realizar puntual denuncia de los avances logrados las fuerzas reaccionarias para recuperar sus tan aberrantes privilegios; hay que estar alertas y no conceder ni un ápice de terreno a las fuerzas reaccionarias, apuntaladas por las armas y las consignas que vienen de donde siempre, para dar marcha atrás al retorno del poder público al pueblo, como manda el Artículo 39 de la Carta Magna.
Yendo al fondo del Movimiento Estudiantil del 68, con la gran mentira de la Matanza de Tlatelolco, se sabe que todo comenzó por un pleito entre estudiantes. Dice la CNDH: “En la Ciudad de México, el 22 de julio de 1968 se reportó una confrontación, en las cercanías del edificio de La Ciudadela, entre estudiantes de la Vocacional 25, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y los de la Preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)”.
Pueden existir matices e interpretaciones cargadas de protagonismo; pero, ese fue el inicio de la colosal embestida del gran capital para aniquilar el proyecto revolucionario que dio a México la mayor era de paz, estabilidad y desarrollo de que se tenga memoria, en un mundo convulsionado por guerras de despojo y genocidios como lo que ahora. La mentira publicada en el extranjero por Oriana Fallaci, de montañas de cadáveres y ríos de sangre, lesionó la imagen del último gobierno revolucionario.
¿Porque odiaba el imperio al presidente Gustavo Díaz Ordaz? Porque frente a las presiones externas, afirmó que: “Cuando se acate la regla de que ningún Estado ejerza presión económica o política para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener ventajas, cuando haya un trato en verdad justo y equitativo en el comercio internacional, entonces, y sólo entonces, se estarán poniendo los cimientos del progreso perdurable y de la integración de la América Latina y podrá pensarse en un desarrollo económico equilibrado entre las diversas regiones del mundo y en una mayor tranquilidad y paz social”.
Pero, además, evitó en la Organización de Estados Americanos la integración de “una fuerza multinacional para rescatar a Cuba del comunismo” y logró que la Organización de las Naciones Unidas incorporara a su ideario la propuesta de México que garantiza la libre autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias. Además: “El sistema bancario mexicano… ha venido mexicanizándose en forma gradual, gracias a la política financiera adoptada por los gobiernos emanados de la Revolución y a la iniciativa y preparación de los banqueros mexicanos. El Gobierno a mi cargo considera que este proceso histórico no debe revertirse por ningún motivo”.
Si ahora se ve lo mismo que antes ocurrió, no es casualidad. Quienes han perdido sus privilegios, lo mismo dentro que fuera, vienen por la revancha. Ya sabe el camino; pero, los mexicanos también y es momento de despertar y arropar al gobierno progresista emanado de la Cuarta Transformación de la vida pública nacional. Todos con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ni un paso atrás en defensa de la soberanía nacional, ni siquiera para agarra vuelo.


