En la ciudad inmensa el mexicano Isaac del Toro exhibió de nuevo su amplia capacidad física y táctica al enfrentar las complejísimas pruebas de contrarreloj y fondo en los Campeonatos Mundiales de Ciclismo de ruta.
En Kigali, capital de Ruanda y que en lengua kinyarwanda significa grandeza o vastedad, el ensenadense se vio en plan colosal al entregarse con tesón en gran parte de la primera mitad del fondo, de 267.5 km y trazados sobre un circuito matizado de empinados repechos.
Cualquiera que haya sido su misión, ya sea la de haberle colaborado a su jefe de filas en el UAE, el esloveno Tadej Pogacar y a la postre ganador de la carrera, o hacer su propia competencia, Del Toro obtuvo un sobresaliente resultado con su séptimo puesto.
Esta posición, sumada al quinto lugar que ocupó en la contrarreloj individual de una semana atrás, lo convirtieron como el mexicano con mejor desempeño en la historia de los Campeonatos Mundiales, y el mejor de América en las dos pruebas en esta ocasión.
El mejor antecedente mexicano en los Mundiales era del regiomontano Raúl Alcalá, décimo segundo en el fondo en 1989 en Chambery, Francia, a 42 segundos del campeón, el estadounidense Greg Lemond.
La intervención de Del Toro en el fondo ruandés reflejó su potencial físico y su gran habilidad de “lectura” de carrera para saber colocarse en el pelotón y moverse con certeza cuando se presentan los primeros vaivenes de real acción.
También mostró fuertes principios de lealtad al mantener comunicación constante y trabajo efectivo con su capitán de equipo, dando una contumaz prueba de su profesionalismo, apenas en su segundo año en el circuito.
Y aunque en teoría en los Mundiales se participa por naciones y no tanto por equipos, en la práctica es común que los ciclistas reciban apoyo de sus formaciones y esto suele trasladarse a la carrera, al contar con alianzas en la forma de valores entendidos.
Era muy difícil que Del Toro hiciera una carrera apoyado en su equipo de país, puesto que quienes lo acompañaron no tienen su nivel, y que para luchar por las preseas en este tipo de pruebas se requiere muchas veces de equipo completo.
Así, era de esperarse algún trabajo colaborativo con su líder en el Tour Mundial. Posiblemente de ahí haya surgido su intenso cometido de abrir diferencia con el grupo de punta cuando restaban 105 km de competencia.
En la contrarreloj Del Toro estuvo portentoso con su quinto puesto, a tan solo tres segundos de Pogacar, que fue cuarto; a casi 5 segundos del bronce del belga Van Wilder y con el campeón Evenepoel, también belga, aún no es tiempo de medirlo por ser éste un verdadero moustro.
Como lo hemos comentado aquí, Del Toro es un fenómeno, es un diamante al que le falta casi nada para llegar al mejor de los lustres. Por eso hemos insistido: lo mejor de él está por arribar, no sólo a una meta, sino a muchas.


