Serie mágica

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Si me pidieran definir en una palabra los siete juegos de la Serie Mundial del 2025 esta sería: Mágica.

Los Azulejos, Toronto y Canadá se quedaron a un batazo por encima del cuadro de hacer la epopeya que los trajo de ser el último lugar en la temporada del 2024 a la serie de campeonato un año después. Los Dodgers, Los Angeles y su gran fanaticada en México y Los Estados Unidos celebraron gracias a la experiencia que solamente llega de ser campeones para aguantar, responder y arrebatarle a los de casa el trofeo del comisionado de la MLB.

Hubo magia, mucha, en estos siete juegos. Esta fue una batalla de excelencia deportiva en la que la diferencia entre nóminas -359 millones de dólares de los angelinos contra 255 millones de los canadienses- no se sintió como se esperaría, como tampoco ocurrió en los duelos entre Shohei Othani, el pelotero más completo y más caro del beisbol, frente a los lanzamientos del novato Trey Yesavage, quien un año antes pitchaba en la universidad y en agosto firmó con azulejos por un año y cuatro millones 175 mil dólares, apenas el seis por ciento del promedio anual que recibe el japonés.

Quedarán para la historia los batazos de Alejandro Kirk, el poderoso chaparrón tijuanense al que su mural en la frontera anticipa desde ya, como mínimo, una placa en el salón de la fama en Monterrey. Memorable fueron también los lanzamientos del intratable Yoshinobu Yamamoto, ejemplo de disciplina y honor al quedarse a limpiar la caseta de los Dodgers después de tirar y ganar un memorable segundo partido en Toronto.

A la final llegaron los dos extremos: los poderosos, campeones y rockstars de la ciudad de los sueños en el soleado California contra los jóvenes resilentes y disruptores de lo más al norte, del gélido Toronto que arrasó con los legendarios Yankees con el bat del inspirado Vladimir Guerrero Jr., el canadiense más dominicano en la pelota grande. Y como la física no miente, polos extremos atraen, y estos atrajeron espectáculo, calidad y mucho, mucho drama.   

Y si, la inexplicable suerte del campeón apareció para atorar la pelota en la parte baja de la barda, impidiendo el triple que daría ventaja a los azulejos en el juego seis. Y esa suerte también se manifestó al día siguiente cuando el bat del “capitán Kirk” se partió por el mango, quitándole así velocidad y dirección a la pelota que facilitó el doble play que sentenció la serie.

Héroes y villanos. Sorprendentes y sorprendidos. Canadá contra los Estados Unidos en medio de una guerra comercial sin sentido. Magia, hermosa y apasionante magia que hace del beisbol el rey de los deportes.

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