La distorsión en el análisis de la violencia en México, que según el representante del Alto Comisionado de la ONU para los derechos humanos, Javier Hernández Valencia: “El crimen organizado no se limita y se construye solo y únicamente sobre el comercio de drogas, se construye también sobre una serie de procesos de corrupción de autoridades, de infiltración y control territorial, que al ser combatido de manera directa por las fuerzas del orden genera también a su turno excesos”, incuba graves yerros.
Mediante el razonamiento lógico, esto es la capacidad de analizar, relacionar y deducir información de manera coherente y estructurada para llegar a conclusiones válidas, se encuentra que los diferentes enfoques de la violencia y las causas que la hacen más evidente en México, tienen que ver con el empeño de los poderes hegemónicos por mantener sus privilegios en todos los confines del planeta.
En cada espacio, se utilizan las técnicas más apropiadas, lo mismo la sospecha de posesión de armas de destrucción masiva, que el terrorismo, el tráfico de estupefacientes, el rescate de la población oprimida, o el restablecimiento de la democracia y la restauración del imperio de la ley, ninguna de ellas apoyada en evidencias claras y precisas. Las verdaderas razones son la expansión territorial, el saqueo de los bienes y el aniquilamiento de las defensas locales.
En algunos estudios, se habla de causas internas y externas: ¡falso! Aunque algunas manifestaciones de la violencia, quizá las menos perceptibles, como la violencia contra los niños, las mujeres y los ancianos, se generan en la intimidad del hogar, sus orígenes vienen del exterior, como las demás, que incluyen el enfrentamiento de grupos violentos y las que protestas y manifestaciones dizque populares, todas ellas inducidas a través de los medios de control masivo, sobre todo los hertzianos y cibernéticos.
En la ONU se sugiere que la violencia en México se acepte como una guerra. Eso tiene varias aristas; pero, la más importante es que daría pie a una intromisión extraterritorial, el anhelo de las potencias enfrascadas en la nueva edición de la Guerra Fría.
Con ello, los grupos de dentro y de fuera que claman por una intervención armada de Estados Unidos en México, lograrían sus propósitos y recuperarán sus prerrogativas y sus fueros, concentrando poder y riqueza.
La oferta del vecino para ayudar a erradicar la violencia, es una burda trampa, como lo fueron los avisos sembrados en las playas de Matamoros, colocados por una empresa contratista privada de EU, en los que se decía que, por orden del gobierno (?), se prohibía el paso.
Si realmente quieren los vecinos ayudar a pacificar al país, lo único que tienen que hacer es impedir el enorme flujo de armas de allá para acá. Las luchas no se dan con machetes o resorteras, sino con nutrido fueron de metralla.
Simplemente: “Desde enero, el Departamento de Justicia estadounidense ubicó a Texas como el principal punto de ingreso para el armamento ilegal con el 43%, seguido de Arizona, con el 22%, exactamente igual que el reporte mexicano que abarca un periodo de seis meses, de noviembre a mayo. Los Estados receptores tampoco son distintos. El 82% del armamento incautado entre 2022 y 2023, de acuerdo con el informe de EE UU, fue localizado en entidades con presencia de los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, organizaciones que Trump ha clasificado como terroristas”.
¿Ton´s?


