Ciudad de México.-
El feminismo, el día de hoy se ha convertido en un movimiento global, que surgió como respuesta a siglos de desigualdad y busca que las mujeres puedan vivir con los mismos derechos, libertades y oportunidades que los hombres.
Aunque su historia es extensa, su evolución refleja una misma exigencia, que habla de justicia, libertad y una vida sin violencia.
El pensamiento feminista tiene sus raíces en los siglos XVIII y XIX, cuando mujeres de distintos países comenzaron a cuestionar la falta de derechos civiles y educativos. Entre las voces más influyentes se encuentra Mary Wollstonecraft, quien defendió el acceso de las mujeres a la educación y la igualdad ante la ley.
No es sino hasta finales del siglo XIX y principios del XX, que las demandas se trasladaron a las calles. Las mujeres exigían su derecho al voto, a la participación política y a ser reconocidas como ciudadanas plenas. Esta etapa es conocida como la primera ola del feminismo, marcada por protestas, escritos y huelgas que lograron abrir camino a cambios históricos.
Décadas después, entre los años sesentas y setentas, se desarrolló la segunda ola. Esta fase amplió la conversación hacia temas como la igualdad laboral, la libertad reproductiva, la autonomía sobre el propio cuerpo y la lucha contra la violencia de género.

Las discusiones dejaron entonces de centrarse únicamente en leyes y comenzaron a abordar transformaciones sociales y culturales más profundas.
En la actualidad, el feminismo sigue creciendo y adaptándose a los nuevos contextos sociales. Y es que las redes sociales, las movilizaciones masivas y los movimientos juveniles han colocado en el centro del debate temas como la violencia femicida, la brecha salarial y la presencia de mujeres en espacios de toma de decisiones.
Así las nuevas corrientes, debates internos y diversas formas de vivir y entender el movimiento muestran que el feminismo en la actualidad es plural y dinámico. Aunque comenzó como una búsqueda de derechos básicos, se ha convertido en un movimiento internacional que persigue que mujeres y hombres vivan con igualdad y sin miedo.
Aun así, la realidad evidencia que muchas mujeres no viven en libertad, sino en alerta constante. Por eso, miles repiten en cada marcha: “ser mujer no nos debe costar la vida”. (Con información de Rosa Madai Veliz/ UT)


