La primera Posada: en 1998

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Recuerdo muy bien la primera Posada navideña de Hora Cero en 1998. Eramos como diez empleados y nuestros acompañantes como invitados. Todos sentados en una mesa rectangular en un centro social propiedad de la familia Deándar.


Los anfitriones eran el director general Heriberto Deándar Robinson y su hermana Claudia, la gerente. El menú, si mi buena memoria no me traiciona, era pechuga de pollo, espagueti y ensalada. Y para amarrar: tamales calientitos.


Eramos tan pocas personas las que fundamos la empresa que no fue necesario ocupar un amplio salón, ni acomodar mesas redondas con sillas para decenas de asistentes; como tampoco amenizó un grupo en vivo. Vaya, solo dos o tres meseros nos atendían.


En abril de 1998 llegué a Hora Cero que, dos meses antes, había empezado a circular en Reynosa como un periódico mensual gratuito tamaño tabloide. Y muchos apostaban a que no íbamos a llegar a festejar la primera Navidad.


Entre aquellos pocos asistentes siguen caminado por los pasillos del edificio de la colonia Rancho Grande, Argelia Llanas, directora comercial; Jaime Eligio Borjas, jefe del área de circulación, y Rafael ‘Rafa’ García, diseñador.


El reducido espacio impedía bailar al ritmo de la música que salía de las bocinas de un equipo rentado. Pero eso no importaba. Estábamos juntos un grupo de soñadores que ese diciembre de 1998 sumaría la primera Posada de un total de veintiocho.


Esa noche, como se hizo costumbre de Beto a lo largo de los años, invitó a su papá don Heriberto, a su mamá Minita (QEPD), y a sus amigos Juan Eliseo, Rodolfo Santos y Armando Zertuche quizá para rellenar el pequeño salón de La Cucaracha.


A los tres los conocí cuando inició mi aventura en Reynosa que después se convirtió en una de mis más grandes experiencias como periodista a lo largo de más de cuatro décadas.


Juan Eliseo, empresario, editor y ferviente guadalupano con un gran corazón como persona; Rodolfo, culto e inquieto joven metido en la política, y Armando, miembro de una familia reynosense a partir de que su papá que fue un reconocido doctor.


Desde esa primera vez don Heriberto, dueño del periódico El Mañana, siempre se dio tiempo para convivir con los colaboradores de su hijo, y en ocasiones fue el encargado de entregar los regalos de la rifa navideña.


Sería mucho pedir tener grabadas en mi mente las palabras de Beto esa noche, pero seguramente fueron de agradecimiento por la labor que hacíamos, entre otros, Adolfo Kott, Vicente Herrera, Esmeralda Molina, César Estrada, Mónica Rodríguez, Elpidio López y quien escribe esta columna.


Fue mi primera Posada a la cual asistía organizada por una empresa después de muchos años. La última había sido en diciembre de 1990 trabajando para El Diario de Monterrey de la cual, para ser bien honesto, no recuerdo nada.


Las siguientes ‘navidades’ pasaron entre la Ciudad de México y Roma, Italia, cuando estuve en la Agencia de Noticias Notimex; y posteriormente en El Norte, El Centro de Irapuato y de nuevo en El Diario de Monterrey.


Y antes de hacer mis maletas para viajar a Reynosa tuve una breve experiencia de restaurantero de comida italiana en la zona de La Purísima, alejado del periodismo que llegué a odiar, cuando amaneció nevado Monterrey el 12 de diciembre de 1997.


¿Quién lo iba a decir? Estaré en mi vigésima octava Posada de Hora Cero conviviendo y aprendiendo con y de las nuestras y de las nuevas generaciones, y recordando a los que ya no estarán con nosotros. A ellos: mi eterno agradecimiento y una feliz Navidad.

x: @hhjimenez

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