Imagínate una banda de rock… pero sin voz, sin fórmulas claras y con la intención de sonar “raro” de una forma interesante, sin llegar al caos o lo estridente. Esta banda mezcla varios géneros musicales, todo pasado por un filtro poco convencional en donde los ritmos no siempre son fáciles de seguir y sus melodías no suenan normales porque en el argot musical ellos usan algo conocido como microtonos, que en una explicación fácil es usar notas entre las notas que estamos acostumbrados a escuchar. Todo esto es para hablar y/o escribir de Angine de Poitrine, el dúo canadiense del que todos estamos hablando.
Angine de Poitrine llega como un huracán que va arrasando con aquellos argumentos que aseguran que el futuro de la música está en la inteligencia artificial y que poco a poco dejarán de existir individuos que se interesen por tocar un instrumento musical. Representan un respiro necesario en donde gracias a su virtuosismo, se están apoderando de los oídos de quienes los escuchan, de los festivales de música y por supuesto, del internet.
En un mundo donde muchos persiguen la viralidad como camino a la fama, Angine de Poitrine toma la dirección opuesta a través del anonimato. Lo primero que atrapa es la imagen: trajes de lunares, máscaras que rozan lo absurdo, una estética que parece más cercana al performance que al rock. Es el tipo de propuesta que, en otro contexto, podría quedarse en lo anecdótico. Pero aquí no. Aquí la forma no suplanta al fondo; lo acompaña.
Los miembros de la banda se hacen llamar Khn y Klek de Poitrine. Khn ejecuta un instrumento de doble mástil hecho a medida: una híbrida entre guitarra y bajo, equipada con trastes microtonales y sin marcas frontales, lo que exige una precisión técnica fuera de lo común. Y su baterista, utiliza un set de batería con tambor apañado, creando ritmos trepidantes que cambian el rumbo de las canciones.
Cuentan con dos discos en su haber: Angine de Poitrine Vol. 1 lanzado en 2024 y recién salido del horno musical Vol. 2. (ambos disponibles en las plataformas de música más conocidas); el dúo navega con naturalidad entre el rock, la psicodelia, el progresivo, el alternativo, el surf, el funk y la música disco. Un cruce de estilos que no se siente forzado, sino orgánico.
Tal vez nunca fue su intención volverse virales, pero resulta difícil pasar desapercibidos cuando aparecen con esa indumentaria extraña que despierta la curiosidad de inmediato. Se envuelven en una mística que invita a la especulación, una que ellos mismos alimentan a través de la simbología que proyectan. Es imposible no mirarlos e igual de difícil no detenerse a escucharlos.
Angine de Poitrine es como si el rock tradicional decidiera romper sus propias reglas y en lugar de perderse, encontrara una nueva forma de engancharte. Quizá por eso conectan. Porque en medio de tanto contenido diseñado para gustar, aparece algo que no parece pedir permiso. Algo que no se explica del todo. Algo que, simplemente, sucede. Es precisamente su estética la que atrae, pero es su música la que sostiene. No hay nombres, no hay rostros, no hay narrativa fácil; se agradece que la calidad esté a la altura y por ello es por lo que hoy Angine de Poitrine está en todas partes.
@soydeliaramirez


