De Videla a Samuel, la raja política del Mundial

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En lo particular ya quiero que sea el 29 de junio, ¿y por qué?, se preguntarán propios y extraños. Porque ese día se le acabarán las pilas al juguete que entretiene al gobernador Samuel García y que está exprimiendo hasta la última gota, como si fuera naranja.

Ese lunes se estará jugando el último partido del Mundial de Futbol 2026 en el Estadio Monterrey que está en Guadalupe, con un encuentro pactado de 16avos. de final, y con ello terminar la campaña -estatal, nacional e internacional- que, obviamente, no ha sido gratis.

No exagero, Samuel se ha agenciado ser el anfitrión del Mundial, desplazando al alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, y a Héctor García, edil de Guadalupe, donde se ubica el estadio. No han habido más reflectores, alfombras rojas y flashazos que para él.

Tanto protagonismo ha sido de su parte, que en la percepción de la opinión pública parece, a menos de 60 días de la inauguración, que en esta subsede se siguen organizando tres Mundiales: el Mundial de Samuel, el Mundial de Adrián y el Mundial de Héctor.

Claro, los dos últimos con menos recursos porque, para poner un ejemplo, el gobierno federal destinó a la CDMX, Nuevo León y Jalisco un buen de presupuesto para construir y rehabilitar canchas de futbol, no así a los alcaldes, pues esa lana entró a la Tesorería estatal.

Me consta que tanto Héctor como Adrián se han subido a la ola del Mundial dentro de sus posibilidades y recursos, sin la cartera abierta, sin querer quitarle el brillo del aura a Samuel para no provocar su ira, como organizar mundialitos con equipos de escuelas y/o de barrios.

Pero ya pronto el árbitro pitará su ocarina para que empiece el primero de los cuatro juegos en el Estadio Monterrey, el 14 de junio entre Suecia y Túnez, y así empezar el principio del fin del show.

Pero lo que ha hecho Samuel no es nada nuevo de sacar raja política de un Mundial y llevar agua a su molino: lo hizo Díaz Ordaz en México 70; el dictador Videla en Argentina en 78; Putín en Rusia en 2018, y hasta los árabes violadores de derechos humanos en Qatar 2022.

El único que se salvó de esa sucia conexión del deporte más popular del Mundo con la política (y no hubiera tenido ni la tentación ni la necesidad, además que ya era expresidente), fue el histórico Nelson Mandela en Sudáfrica 2010, porque en su caso la FIFA honró a un personaje que no tiene el mínimo parangón con los antes mencionados.

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