No se anduvo por las ramas el expresidente Andrés Manuel López Obrador en su carta al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En un mensaje muy oportuno, muy claro y muy directo le dijo, textualmente: “Que regrese el otro Trump”, explicó luego ampliamente el sentido de esa idea.
Ambos políticos se trataron y hubo tal entendimiento entre ellos que se logaron grandes beneficios para los dos pueblos.
Ahora, por la intervención de los halcones de dentro y de fuera de EU, las relaciones con México se han deteriorado; puede decirse que pende la espada de Damocles sobre el Anáhuac por la amenaza de una intervención militar que, bien mirada, a nadie conviene. El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, secretario de Estado, Marco Rubio y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, son la triada perversa.
El primero es un fundamentalista cristiano que, según informes de prensa “En mayo de 2025, el secretario Hegseth comenzó a celebrar servicios mensuales de culto durante el horario laboral en el Pentágono”; ha dado preferencia a empresas evangélicas en el otorgamiento de contratos de abastecimiento para de bienes y servicios, dejando fuera de competencia a otros contratistas aunque sus ofertas fuesen superiores.
Según Wikipedia, con información certificada: “En marzo de 2026, poco después del inicio de la guerra de Estados Unidos contra Irán, también conocida como Operación Furia Épica, se informó que varios líderes militares dijeron a miembros del servicio bajo su mando que la guerra era «parte del plan divino de Dios» y que el presidente Donald Trump había sido ungido por Jesús”.
Del segundo, doctorado en Derecho, hay poco que decir; sus acciones lo pintan de cuerpo entero. No puede quitarse el estigma de ser hijo de cubanos exiliados por su cuenta, y haber crecido en la comunidad marginal de cubanos en Miami. Se le atribute la invasión de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro para emprender la más cruel embestida contra Cuba.
El presidente Trump ha dicho que, una vez que el régimen cubano esté dispuesto a negociar y termine el bloqueo que tiene al borde de la hambruna al pueblo isleño, Marco Rubio asumirá la presidencia de ese país para poner orden. En torno a su visita a México, según nota del NYT, expresó: “en muchos de estos casos lo que impide cooperar es que existen niveles de corrupción e influencias sobre el ramo jurídico del país”.
Del último, cualquier cosa que se diga se queda corta. Pocos recuerdan los acuerdos que firmó en su primer periodo como primer ministro de Israel con el líder palestino, Yasser Arafat, luego de lo cual éste murió envenenado, cosa que nunca se pudo certificar porque las leyes francesas impiden la injerencia de médicos externos en la atención a los pacientes de su sistema de salud.
Ahora, para no ser enjuiciado y condenado a muerte, mantiene a Israel en permanente estado de excepción y ha arrasado con Gaza y va por el Líbano, aun en contra del propio Trump que, según una nota de Axios, lo ha llamado loco. Ha si condenado por la Corte Penal Internacional por genocidio y no puede pisar suelo de países en que el sionismo no tenga influencia sustantiva.
Luego de lo que puede ser el principio de una ruptura de la alianza que ha costado tanto a los Estados Unidos, la publicación de AMLO se antoja como un pase a gol.


