Roger Federer fue el hombre que quedó impregnado como la referencia de los suizos, de la misma manera que Diego Maradona y Lionel Messi lo son para Argentina. Los hinchas de ese país que se encuentran desperdigados por Kansas se aferran a ese nombre para utilizarlo como carta de presentación antes del partido por los cuartos de final de la Copa del Mundo.
La ciudad se fue poblando de público de ese sitio de Europa desde el miércoles, a la espera del acontecimiento en el estadio de los City Chiefs. La elegancia y la seriedad se pierden entre ellos por estas horas, cuando se los observa transitar por las calles de esta ciudad. El miércoles por la noche se dio una escena muy sorprendente, cuando un grupo intentó ser elogioso hacia una dama local que se los cruzó en el camino.
Ellos lucían las camisetas de su país con el color rojo característico, y en el intento por exteriorizar su impacto por la belleza de la persona, decidieron sacarse las prendas y estirarlas sobre la vereda para que ella pueda pisarlas, como si caminara por una alfombra.
La ocurrencia fue aplaudida por los presentes, entre los que no se encontraba ningún argentino. La presencia de los suizos es mayoría hasta el momento, aunque se espera el arribo de los seguidores del campeón del mundo desde Atlanta.
Los vuelos desde el lugar donde venció a Egipto aumentaron considerablemente, y la mayoría decidió llegar por tierra. La tardanza se debe a que el viaje es de aproximadamente 15 horas.
El día del encuentro tendrá seguramente más equilibrio en cuanto a cantidad de parcialidades, pero los que se adueñaron primero de Kansas fueron los suizos. El ruido y los cantos que evidencian hablan de la gran expectativa que tienen para asumir el compromiso frente al actual campeón. El desahogo que tuvieron en los penales ante Colombia los posicionó con el ánimo muy arriba y lo exhiben sin temor.
La adrenalina va en aumento hasta llegar al sábado por la noche, y los europeos tendrán hasta ese momento tiempo suficiente para considerar que podrán engrandecer su historia metiéndose entre los cuatro mejores del mundo. El juego, de todas maneras, será el que determinará si todo el entusiasmo ofrecido en las calles tuvo su premio, o si el festejo se detuvo frente al que defiende la corona.


