La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo vino a Tamaulipas y a Reynosa, para escuchar de viva voz los problemas que padece la comunidad. Dejó que, abiertamente, se hicieran las denuncias de las irregularidades que han impedido que esta región desarrolle todo su potencial, especialmente los grupos de poder que trabajan para su santo y las mafias que se han apoderado de las instituciones que prestan los servicios sensibles a la población, especialmente los del sector salud.
Escuchó, recibió escritos y tomó nota sin perder el encanto que le caracteriza ni dejar de darse esos baños de pueblo que tanta energía la producen para seguir adelante en la construcción del segundo piso de la Cuarta Transformación. Su presencia constante en prácticamente todos los rincones del país no únicamente la acerca a la gente; sino que genera un ejercicio democrático que va encaminado a la solución de los problemas que obstruyen el desarrollo compartido.
Aseguraba el gran maestro Agustín Yáñez, quien de manera tan brillante supo entender la lógica de las corrientes de ultraderecha, que México había tenido, hasta antes del nefasto período neoliberal, los presidentes que necesitaba. Puso como ejemplo a Guadalupe Victoria como constructor de la república y creador de las instituciones nacionales; a Benito Juárez, defensor de la patria y restaurador del régimen democrático, y a Madero, Carranza y Cárdenas como arquitectos de la justicia social.
Ahora, que el MoReNa hizo posible dar marcha atrás al entreguismo de los sectores beneficiados por el saqueo de los recursos naturales y la explotación de los trabajadores para concentrar la riqueza y el poder omnímodo en unas cuantas manos estériles, que han venido a formar las nuevas élites globales, y que el pueblo de México optó por consolidar el avance de las corrientes democráticas sobre las bases del humanismo mexicano, llegó a la presidencia una mujer excepcional.
Con talento innato, tuvo una educación abierta que le permitió conocer la realidad del México de carne y hueso, de leche y pan; luego, se enfiló a la formación científica (obtuvo el premio Nobel compartido por sus aportaciones a la ecología); incursionó en las luchas sociales y formó una familia típica de México, cocinando y atendiendo las necesidades de la casa mientras cursaba sus estudios de educación superior. Por ello, ahora es sensible a las necesidades de la gente y se rodea de personas talentosas y con sentido social.
Durante su reciente estancia en Reynosa, donde tuvo una apretada agenda, se dio tiempo paras escuchar a quienes necesitaban manifestar los circunstancias que impiden que se cumplan los proyectos humanistas de la Cuarta Transformación, de manera muy especial, la obstrucción de los poderes fácticos a la tarea de retornar a México a la senda de la justicia social y la perversa alianza con intereses extranjeros para erosionar la soberanía nacional.
Textualmente dijo: “Una de las palabras que define la Cuarta Transformación es bienestar, el bienestar del pueblo. Por eso hemos luchado toda nuestra vida y así seguiremos hasta el último día de nuestras vidas, luchando por el bienestar del pueblo de México, por sus derechos. No habría libertad, no habría bienestar si no hay soberanía. Por eso defendemos de igual manera la soberanía de México, igual que el bienestar del pueblo de México”.
En cuanto a las denuncias presentadas por trabajadores de todos los sectores por las deficiencias que afectan los servicios institucionales de salud, concretamente las unidades médicas del IMSS y el ISSSTE, en manos se camarillas venales, expresó que: “No es que estemos en contra de que haya un servicio particular; lo que creemos es que el servicio público debe fortalecerse y quien tenga dinero, pues que vaya al servicio particular, pero no que lo particular sustituya a lo público”.
Asegura un viejo y conocido refrán que: “Ora si, violín de rancho; ya te agarró un profesor”.


