Seguros de gastos médicos

- Anuncio -

Últimas Noticias

- Anuncio -

Ya es un hecho contundente el que los seguros de gastos médicos mayores para personas de la tercera edad, que en su mayoría viven de sus cada vez más mermados ahorros y de raquíticas pensiones, resultan impagables. Es alarmante la cantidad de adultos mayores que han optado por dejar de pagar sus pólizas de gastos médicos que pronto aumentarán aún más. Muchos lo razonan así: “Para poder pagar un seguro de gastos médicos mayores en mi vejez, debo privarme de muchas cosas –aunque sean mínimas- de las que me gustaría poder disfrutar en esta etapa de mi vida, o simplemente no me alcanza. O vivo o pago el seguro.” 

Esto, sin contar el hecho de que, pagar gastos de hospital sin seguro, representa una inmensa erogación y erosión económica, que repercute en dejar a la familia prácticamente sin recursos o brutalmente endeudada, dejando como únicas opciones viables para atender la salud de los adultos mayores a los hospitales públicos en su mayoría precarios.

Existe (tristemente), la percepción generalizada en el mundo de que, para los sistemas públicos de salud pública, la inversión y atención integral para los ancianos,  por tratarse de personas ya no productivas, no es una prioridad frente a lo que debe orientarse preferentemente hacia los pacientes jóvenes y en edad productiva. Es decir, los gobiernos en general, darán prioridad a quienes aún forman parte de la fuerza laboral, de la productividad y el sostenimiento de familias por encima de quienes ya no cumplen más con esa función. (Como en película de terror y ciencia-ficción.) Y mientras menos población joven haya en el mundo, mayor será su prioridad.  Debemos reconocer que el hecho de que las políticas públicas, incluso las “no-escritas” le den prioridad a la salud de jóvenes y niños, dentro de un sistema con recursos limitados, es totalmente lógico y razonable. Pero, sin embargo….

Esto pinta un panorama catastrófico considerando que la sociedad enfrenta un futuro ineludible en el contexto de lo que se conoce como “envejecimiento poblacional”: cada vez habrá más adultos mayores y menos personas jóvenes. La humanidad ha logrado ampliar casi exponencialmente la expectativa de vida. Ya no es extraño que las personas mayores alcancen edades de 90 años o más, cuando hasta no hace mucho la expectativa de vida andaba (en términos reales) alrededor de los 75 años. Parece no haber ahorros ni pensiones que alcancen a cubrir las necesidades de los años restantes. El tiempo no espera a nadie.

El problema gerontológico actual es muy concreto y real: La gerontología es ciencia multidisciplinaria que estudia la vejez y el proceso de envejecimiento humano en sus dimensiones biológica, psicológica, social, económica y cultural, con el objetivo principal de mejorar la calidad de vida y promover un bienestar integral en las personas adultas mayores. Y en el tema de la geriatría que se encarga del diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y prevención de las enfermedades en los adultos mayores. Simplemente no se da abasto.

Es claro que en la tercera edad, el desgaste físico y mental se hace gradualmente más evidente. No son extraños los accidentes, principalmente las caídas, la progresiva pérdida de autonomía y autosuficiencia y la aparición de enfermedades crónico-degenerativas. Esto se conoce como los cuatro grandes síndromes geriátricos: inestabilidad, inmovilidad, incontinencia e incapacidad cognitiva. Las compañías de seguros lo saben y, a menos que incrementen draconianamente los costos de sus pólizas, les queda claro que asegurar a personas mayores  costos razonables,  en realidad no es “negocio”.

Pero, por observar el árbol se deja de ver el bosque. El problema  del envejecimiento poblacional, que viene muy pronto, es ineludible y traerá serias consecuencias socio-económicas para todos. La solución implicará implementar cambios radicales de tipo social, económico, político y cultural. 

Una posible solución sería construir un gran hospital geronto-geriatrico de a manera de asociación público-privada con esquema de prepaga por parte de los pacientes potenciales adultos. Es decir: bajo el esquema de pre-inscripción, las personas podrán ir pagando mensualmente una cantidad razonable y accesible que se irá acumulando en una cuenta que a su vez sería subsidiada por el gobierno (sí, casi como lo hace el IMSS pero sin distraer el recurso), porque, en este caso, la institución y el recurso se dedicaría exclusivamente a la atención de personas de 65 años y más. Todos los servicios de consulta, medicamentos, tratamientos, terapias, atención ambulatoria, internamiento, cirugías, procedimientos paliativos y hasta gastos funerarios. ¿Un lugar para “bien morir”? Sí, en cierta forma sí, pero también para dejar vivir sin tanta angustia, ni malos tratos, ni ser tratados como pacientes no prioritarios….ni dejarlos en la calle. Es decir: no por caridad, sino por calidad.

Existen ya hospitales materno-infantiles, hospitales pediátricos…se requiere ya de buenos y dignos hospitales geriátricos. Estoy segura de que se puede encontrar una fórmula social, financiera y humanamente viable para lograrlo, sin desangrar a las personas con cuotas de seguros draconianos en el ámbito meramente privado, ni tratarlos como pacientes no prioritarios en el ámbito político-social de los sistemas públicos.

También te podría interesar este artículo.

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -