Llegó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a su segundo año de gobierno con una aprobación popular muy alta, resultado de hechos concretos que han mejorado la vida de los mexicanos y que han permitido avanzar en el proyecto del Segundo Piso de la Cuarta Transformación de la vida pública, lo que se traduce en desarrollo compartido aunque, por el bien de todos, primero los pobres. Eso lo han entendido los de arriba, no tanto los de abajo.
A diferencia del modelo neoliberal que permitía el crecimiento de la economía nacional; pero, al mismo tiempo promovía la acumulación de la misma, ahora, se han mejorado sustancialmente los salarios de los trabajadores, empezando por el ingreso mínimo, que sigue siendo insuficiente pero ha crecido en más del 130% en los últimos ocho años, pasando de alrededor de 2,800 pesos mensuales en 2018 a unos 9,584 pesos mensuales en 2026.
Además, la dispersión de recursos fiscales a través de los programas sociales para el bienestar de la gente ha logrado elevar el consumo de bienes y servicios, fomentando la economía circular y con ello el círculo virtuoso de empleo, producción, consumo y recaudación. Todo ello con medidas de precisión que han mantenido bajos los niveles de inflación, incluyendo los acuerdos con el sector empresarial para que los precios no se disparen con el consumo.
Claro que hay inconformidad en ciertos niveles, altos y bajos. Los de arriba protestan porque ahora deben pagar impuestos y porque ya no pueden abusar de posiciones dominantes de mercado; los de abajo porque quieren beneficiarse de los incrementos salariales que se han dado a los trabajadores que gana el mínimo, sin entender que la justicia social empieza por los que menos tienen y por tanto, se avanza de abajo para arriba.
También hay una feroz embestida de las fuerzas de la ultraderecha global que ha logrado mantener a raya con elegancia y firmeza. Ha sabido sortear tantos los amagos del vecino del norte, que ya no oculta su proyecto imperialista que busca dominar el planeta a costa de la existencia de miles de seres humanos y de la destrucción de los ecosistemas que mantienen la vida en todas sus manifestaciones, como las acciones de desestabilización de los grupos delincuenciales.
Tal vez el enemigo más fuerte sea la guerra mediática que han emprendido los medios de comunicación venales que, especialmente la televisión y los espacios cibernéticos, no tienen empacho alguno en difundir mentiras y tramas siniestras inverosímiles que tienen profundo impacto en mentalidades poco avispadas, que creen en lugar de afanarse por entender. Por fortuna, gran fortuna, los mexicanos cuentan con ese espacio magnífico que es la Mañanera del Pueblo.
Las palabras que cerraron el 2o. Informe de Gobierno, son precisas al definir su mandato: “… Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos; lo único que hay es la defensa del pueblo de México y su dignidad. Los ojos del mundo están puestos en México, porque aquí un pueblo grande ha decidido escribir su propia historia. Consolidamos un proyecto que nace desde abajo y pone en el centro la igualdad, la justicia y el bienestar.
México no se somete ni se detiene. México es libre, es soberano y avanza con dignidad, con la fuerza de su pueblo y con la mirada puesta en un futuro que proviene de nuestro legado de grandeza. Tenemos la responsabilidad histórica de garantizar el camino de la honradez y de un gobierno que esté al servicio del pueblo. Precisamente porque somos leales a esos principios podemos entregar buenas cuentas y garantizar un futuro de bienestar para todas y todos los mexicanos.
No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días. Esa no se adquiere ni con todo el dinero del planeta. Por ello, y justamente por ello, insistimos en que solo con honestidad se dan verdaderamente resultados. Vamos mejor y tenemos rumbo, porque ese rumbo lo marca el pueblo, que es nuestro camino y es nuestro destino. ¡Que viva nuestra independencia!”.


