El filósofo escocés Adam Smith escribió en el Siglo XVIII una sesuda disertación sobre la mano invisible del mercado, como una metáfora para explicar cómo, lo que se hace por interés propio, redunda en el bien colectivo. El panadero, por ejemplo, hornea pan para venderlo y obtener dinero, pero al mismo tiempo ayuda a la población alimentándola. El beneficio que aporta una buena obra no se ve, pero provoca efectos perceptibles. Eso es la mano translúcida, que tiene efectos imperceptibles para el ojo.
Algo muy parecido pasa en el futbol, con Tigres como caso ejemplar. Desde el escritorio de la compañía Cementos Mexicanos, la propietaria del Club, se ha designado a un Presidente. Ya en el puesto, este directivo, por más que lo ha buscado, no ha conseguido dar estabilidad ni beneficios al equipo. Entre sus desafortunadas decisiones, la más terrible quizás es la de haber puesto a la misma persona para que ocupe, simultáneamente, la Vicepresidencia Deportiva y la de entrenador, lo cuál redundado en efectos perniciosos que se perciben en la cancha, a la vista de todos: jugadores cuerpo técnico y aficionados.
El desorden que hay al interior de la institución refleja en la cancha. El once se ha visto muy mal. El conjunto felino está en el lugar 16 de la tabla general, en la zona de los peores. Las malas decisiones de la oficina operan como un pie invisible que también juega en la cancha. Los hombres de pantalón largo como el Presidente el Vice y el Entrenador no se meten al terreno a meter goles. Eso lo hacen obviamente los jugadores, pero sus acciones si impactan en el terreno de juego como si participaran en los partidos, moviéndose imperceptibles para sabotear las jugadas. Los futbolistas son todos profesionales y muy buenos, pero algo no cuadra cuando juegan.
El desorden administrativo se ve reflejado en el ámbito deportivo y es muy evidente en un conjunto mediático como Tigres. Lo que hay de malo en el escritorio, se pueden contabilizar en más goles recibidos, menos anotados, una posición nada deseable en el ranking semestral de la Liga. Son las razones imperceptibles, que mencionaba Smith,
Parece que esta temporada está irremediablemente perdida. Los manejadores del equipo, ingenuos y desprevenidos, no conocen a los Idus de marzo y nunca pudieron protegerse de ellos. Sin tener perversas intenciones, su pecado es el de la estulticia. Aceptaron asumir la conducción del equipo, sin estar preparados para ello. Ahí está un Presidente que no sabe hacia donde correr, con la avalancha de reproches que se le vienen encima.
Se anticipa, para esta jornada 10 que se avecina, el deshaucio. Desde la Cementera dejaron que la inercia ganadora se diluyera y ahora, cuando se acabó la época dorada de 15 años, deberán reconstruir todo el equipo desde cero.
El pie invisible le metió a Tigres una zancadilla, para que tuvieran el peor desempeño en años.
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