Para nadie es un secreto que en Monterrey no existe un verdadero interés en lo que hace la Selección Mexicana.
Las dinámicas de comunicación y la cultura regional han provocado que el aficionado regiomontano no sienta como suyos los colores del Tri.
Para el habitante de estas calurosas tierras los colores azul, blanco y amarillo no solo son lo más importante, es lo único.
Hinchar por la verde es cosa de chilangos, de la raza del Centro del país a quienes les interesa más lo que sucede con el combinado nacional.
Hablar de lo que sucede durante los mundiales es tema aparte, en esa enorme fiesta panbolera todos se ponen las camisas, todos conocen de memoria los nombres de los jugadores y, por supuesto, todos son técnicos.
Ponerse la verde y ver los partidos en una pantalla gigante junto con otros miles de aficionados es más por la anécdota y para echar relajo, que está bien, no lo condeno sino al contrario, creo que el futbol es, más que nada, un entretenimiento como muchas otras cosas.
A nadie le extraña que un México-Colombia solo sirve para tener algo en el proyector mientras sale la carne asada y la gente se entona para el platillo principal: el Tigres-Puebla.
Acaban de anunciar que México regresará al BBVA para enfrentar un partido oficial en una de esas muchas competencias patito que se inventó la Concacaf para sacar millones de dólares.
La realidad es que no veo a nadie emocionado, las redes no estallaron de felicidad por el regreso del Tri a la tierra del cabrito.
Fue de uno que otro despistado, incluyendo al que cobra como gobernador quien de volada quiso colgarse una medallita que no le llama la atención a nadie; el anunció paso normal, sereno… es más hizo más ruido la conferencia de prensa de Nahuel.
Sin embargo aquí viene lo más chistoso, conforme pase el tiempo y se acerque la fecha del partido, va a empezar el bombardeo de publicidad en redes, todas las empresas van a regalar boletos y, al final, el estadio estará lleno.
Ese día todos vamos a ir a ver al Tri, no porque nos interese Mora y Rafa Márquez en el banquillo, sino por el relajo, por la anécdota, por la foto en el Insta.
Así siempre ha sido y no cambiará.


