El momento no podía ser más emotivo: dos amigos sentados en una mesa sirven “dos dedos gordos” de Macallan 40, el whiskey favorito de su amigo fallecido. La imagen, poderosa de por sí, toma una dimensión diferente cuando los comensales son Geddy Lee y Alex Lifeson, dos terceras partes de la mítica banda Rush, y la persona a quien están homenajeando es a su amigo Neil Peart, fallecido hace seis años de cáncer en el cerebro.
Así arranca el documental Neil Peart. No One’s Disciple, producido por la televisión pública canadiense y dirigido por Scott McFayden y Sam Dunn que, por alguna afortunada razón, se encuentra disponible y subtitulado en la plataforma YouTube. Y aunque podría sonar tardío homenajear seis años después de su muerte la memoria de quien aún es considerado uno de los mejores bateristas en la historia del rock, la realidad es que Lee y Lifeson lo justifican explicando que es hasta ahora que están listos para hablar de su amigo y compañero por más de 40 años de trayectoria.
De esta forma transcurre un recorrido de 96 minutos de duración donde, por medio de testimonios de sus compañeros en Rush, amigos, colegas bateristas y algunas entrevistas de archivo, se muestran algunos de los aspectos más relevantes de un hombre que se obsesionó con perfeccionar su técnica en la batería y la composición lírica.
Así, el espectador conoce algunas estampas en la vida de Peart, como por ejemplo cuando sus compañeros decidieron convertirlo en el letrista oficial de Rush, luego de que se dieron cuenta de que era un lector feroz que supo insertar temas como fantasía, ciencia ficción y filosofía a las letras de la banda. También se recuerda el día que, en la década de los noventa y cuando ya era considerado el mejor baterista del mundo, Peart decidió empezar desde cero en su técnica para tocar, tomando como maestro a la leyenda del jazz Freddie Gruber.
Por supuesto, no podía quedar fuera el viaje de 55 mil kilómetros que, durante cinco años, Peart realizó en motocicleta como un proceso de sanación por las trágicas muertes de su hija adolescente, primero, y su esposa seis meses después. Este viaje no solo cambió a Peart como persona, también fue el origen del libro Ghost Rider, donde cuenta su proceso interno para superar la tragedia y cómo los caminos de Canadá, Alaska, Estados Unidos, México y Centro y Sudamérica le ayudaron a lograrlo.
La cereza del pastel es la presencia de míticos bateristas como Stewart Copeland de The Police; Chad Smith de Red Hot Chili Peppers; Danny Carey de Tool y Gavin Harrison de King Crimson, quienes recuerdan en anécdotas a Peart y, junto a Lee y Lifeson, le rinden homenaje de la mejor manera posible: tocando sus canciones. El ejercicio funciona para que cada uno de estos maestros en el arte de golpear cosas reconozca la complejidad técnica que representa interpretar como se debe la música de Rush y las piezas de Peart.
El documental concluye con un epílogo donde se presenta de manera oficial a Anika Nilles, la prodigiosa nueva baterista de Rush a quien le toca llevar la antorcha en la interpretación de los temas de la banda en la gira que sigue llevándose a cabo en estos momentos.
Neil Peart. No One’s Disciple es, sin duda, una obra para fans de Rush, pero también una oportunidad inigualable para que aquellos que no están compenetrados con la obra de la mítica banda canadiense comprendan por qué ya tiene medio siglo haciendo felices a un ejército de fanáticos.


