Cuando estaba por cumplir 55 años un buen amigo me preguntó sobre el número de semanas que tenía cotizadas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y para responder a sus dudas pedí una cita en la delegación de Nuevo León.
Quiero admitir que en ese entonces, hace casi siete años, desconocía por completo qué era la Modalidad 40. Mal por mi, porque al llegar a los 60 años estaba en posibilidades de tramitar mi jubilación por cesantía, es decir, al tener menos de 65.
Sumergido en el día a día laboral desde 1984 y desde 1998 en Hora Cero, no le daba importancia que llegaría el momento de engrosar las filas de las personas jubiladas, y para ser sinceros y no me apena admitirlo: no sabía que existía la Modalidad 40.
Por sugerencia de Juan Francisco Salazar (QEPD), amigo, gran periodista y mejor ser humano, un día me llevó para ser asesorado por personal del IMSS donde sumaba -si la memoria no me falla- unas mil 200 semanas cotizadas.
Supe que mi número de semanas era menor que otras personas que entraron al mundo laboral en 1984, porque tuve al menos seis años que mis patrones no me dieron de alta en el IMSS y, obviamente, no tuve atención médica.
En fin, para no hacer el cuento más largo, me sugirieron pagar durante cinco años cerca de 6 mil 200 pesos mensuales para tener una mejor pensión llegada mi jubilación, porque con esas semanas cotizadas -aunado al salario registrado ante el IMSS- recibiría de pensión no mayor a 12 mil pesos.
“¿Y tu crees que con ese dinero podrías vivir lo que resta de tu vida con esposa, hijos, colegiaturas y pagos de servicios?”, me preguntó Paco realmente preocupado. Y fue más claro: “¿Podrás pagar durante cinco años unos seis mil pesos al mes para tener una pensión más digna?”.
No dudé ni un segundo en aceptar la propuesta que me confirmó un asesor dentro de la delegación del IMSS. Y semanas después firmé los documentos, y en diciembre de 2018 hice el primer pago mensual en una sucursal de HSBC.
Y empezó la cuenta regresiva que terminó en diciembre de 2023. Estaba entre mis prioridades y no fallé ningún sólo mes; llegaba a la sucursal con mi recibo anterior, pagaba en caja y salía satisfecho de mi cumplimiento.
Cuando al fin cubrí la Modalidad 40 llevé toda mi papelería a la delegación del IMSS donde me explicaron que cada mes me depositarían mi pensión en mi tarjeta bancarias aclarado, con una cifra menor al tope.
Quiero aclarar que nunca nadie me sugirió “comprar semanas” con la asesoría de abogados o contadores cayendo en la corrupción, los cuales -con complicidad al interior del IMSS-, ofrecen aparecer en la base de datos de la dependencia sin haber sido jamás empleado de una razón social.
“¿En cuál razón social quieres aparecer y cuántas semanas te faltan? ¿Quieres que alcances la mayor pensión de más de 85 mil pesos al mes?”, esa propuesta fue recibida por un amigo de confianza que estaba por iniciar la Modalidad 40.
México es un país donde la inmersión en la corrupción en los servidores públicos es prácticamente una ley, salvo contadas excepciones. Y el IMSS nunca ha estado exento ni en la compra de medicinas ni en la Modalidad 40.
Creí que nunca iba a escribir lo siguiente: bien por la presidenta Claudia Sheinbaum en intentar cortar un tentáculo al pulpo de la corrupción en México que ha acompañado también a la 4T.
Señora, “¡sígale sin dejar títere con cabeza!”.
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