Secuestro exprés

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Noviembre del 2011 I

Hace un par de años conocí a una familia que vive en la colonia Sierra Ventana, gracias a que un amigo periodista que me llevó a visitarlos, pues es de su confianza.

Para mí fue como un paseo turístico, ya que no es fácil tener acceso a esa zona de la ciudad, además me permitieron tomar fotos a su familia y a los alrededores de la casa donde habitan.

Al platicar con ellos no desaproveché la oportunidad de preguntarles por la balacera de noviembre del 2011, de la cual también fui testigo, además de víctima colateral y circunstancial.

Me comentaron que un familiar también falleció sólo por andar caminando en la calle y que esa vez estuvo muy fuerte la inseguridad para ellos y debido a que su vivienda está a pocos metros de la avenida, la vivieron muy debido cerca.

No entraron más en detalles pero después de eso, les conté lo que a mí y a mi entonces novio nos pasó en una de las avenidas de la zona cercanas a Río Nazas, en el sur de Monterrey.

Les platiqué que después del hecho, tuve que ir a tomar terapia ya que no podía concebir el sueño y la psicóloga me aseguró que fue porque vi el rostro de la persona que nos privó de la libertad de manera exprés.

Han pasado ya casi 15 años de eso y aunque ahora lo cuento como anécdota, sé que pude no haber salido viva de eso.

La psicóloga me dijo en ese entonces que mi trauma post traumático sucedió también debido a que mi mente ya me hacía muerta y necesitaba salir de ese bucle.

Paula, mi terapeuta de este entonces, que además de de ser psicóloga de profesión también tenía conocimientos de técnicas ancestrales espirituales, me llevó al sótano de su casa en San Jerónimo, apagó la luz, me pidió sentarme, cerrar los ojos y golpear tres veces el suelo con los pies, lo cual tenía la finalidad de mandar la energía a la tierra de nuevo.

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