Elección artificial

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En vísperas del proceso electoral más trascendente de la centuria, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido cancelar los mítines masivos programados para realizarse el fin de semana en Kansas y Iowa; a cambio, utilizará las redes sociales y los canales cibernéticos para hacer llegar sus mensajes al electorado que habrá de acudir a las urnas para elegir a todos los miembros de la Cámara de Representantes, 35 senadores y 36 gobernadores, en lo que puede significar un viraje político.

Con ello se confirma la idea de que el proceso estará dominado por los algoritmos derivados de la llamada inteligencia artificial, para favorecer a alguna de las partes contendientes. Precisamente, el candidato demócrata al Senado por Texas, James Talarico, expresó: “Es bastante irónico que usen bots de IA para atacarme por los centros de datos”. Agregó que los centros de datos no “satisfacen las necesidades de las personas que viven en estas comunidades”.

Muy interesante es observar como se ha distanciado el discurso oficial de la campaña, anclado en la seguridad nacional y la agresión a naciones que se han convertido en el negro de la feria, para ir a temas más cercanos a la gente de carne y hueso, como son la galopante inflación, la escasez de energía, la elevación del gasto público y el costo económico de sostener operaciones militares prolongadas en varias regiones del país; pero, sobre todo, en Medio Oriente.

Esta circunstancia que podría parecer alentadora, tiene una arista sumamente peligrosa: puede provocar que los países gobernados por grupos afines al supremacismo decidan jugarse el todo por el todo e iniciar la hecatombe nuclear de la que no habrá de salir nada bueno. El propio Trump ha estado jugando con el tema y, aún cuando no lo ha definido con precisión, en su entorno ya se llevan a cabo los preparativos para una guerra total.

En Israel, Netanyahu, quien apuesta todo a la construcción del Gran Israel, una política puramente mesiánica y escatológica, arraigada en la teoría cabalística del Mesías Victorioso, aunque perdió la hegemonía en el Congreso israelita, ha recibido el respaldo de Trump, lo que le confiere una dimensión global a sus políticas agresivas y sus planes de exterminio de todo lo que no sea igual. A cambio, Israel aportará medio millón de votos al Partido Republicano.

Los excesos de Netanyahu han sido avalados por el rabino Dov Lior y los políticos israelíes Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich: el genocidio absoluto de los palestinos y su expulsión total de Israel, la demolición de la mezquita de Al-Aqsa, la construcción del Tercer Templo, la expansión territorial. Por ello la destrucción de Gaza, la ocupación del sur del Líbano, la invasión de Siria y la guerra contra Irán, hechos condenados por el mundo civilizado; pero, que no se han podido frenar.

Los indicadores más confiables señalan la posibilidad de que los demócratas avancen en las dos cámaras del Congreso y en la mayoría de las gubernaturas en juego; pero, como asegura un viejo y conocido refrán: “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde arrebata”. Netanyahu ya perdió el control en su tierra y Trump, del que aún no queda claro si es su jefe o su peón, puede salir raspado el próximo martes, con la posibilidad de que apriete el botón rojo y con ello la humanidad pierda.

La elección de medio tiempo en los Estados Unidos es una elección artificial porque será influida por la llamada inteligencia artificial y porque hay la posibilidad de que el perdedor arrebate, aunque en ello vaya la existencia de la vida en el planeta.

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