Tengo un particular gusto por las películas y series biográficas, basadas en historias y personas reales. Y aunque sé que para fines prácticos de la producción, muchas escenas son dramatizadas o decoradas para servicio de una narrativa, resulta interesante descubrir la forma en la que se estudia y se dibuja el perfil y la esencia del protagonista….en ocasiones hasta desnudar su más elemental humanidad.
Yo no puedo hacer un análisis psicológico de una persona basándome en una serie de televisión, pero puedo analizar al personaje: ese elemento construido para resumir una trayectoria, una vida, enmarcada en el contexto de una época, una cultura, una familia, un entorno social…porque, famosos o no, eso nos moldea a todos… somos y son, como diría Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo».
Estas series biográficas sobre la vida de celebridades como Luis Miguel, José José, Selena, Sandro de América, Raphael y tantas más, muestran con singular crudeza que el éxito, la fama o la fortuna, a nadie exentan del quebranto, los tropiezos, el sufrimiento, la soledad, la crisis existencial, las oscuras noches del alma y las muchas lágrimas… Nos muestran sin tapujos a la persona detrás del personaje y al ser detrás de la persona.
Recién he visto la serie de “La Guzmán” sobre la vida de Alejandra Guzmán Pinal. El reparto y casting es extraordinario. La actriz que encarna a Alejandra Guzmán (Majida Issa), logra una comprensión impecable de Alejandra. Y el resto del elenco enmarca a la perfección el contexto. La serie, que se desarrolla en el ámbito de la década de los 80’s con todos sus exagerados excesos, expone todo el desenfreno, la ausencia de límites y las tentaciones el narcisismo a ultranza como una idiosincrasia idealizada que, paradójicamente construía y destruía a quienes alcanzaba.
Ahora se sabe bien que lo mejor para ayudar a un niño a regular sus emociones es la contención del abrazo seguro y afectuoso de sus cuidadores principales…sus padres o familiares más cercanos.
Esta serie, muestra el dolor de una madre divorciada (varias veces) Silvia Pinal, su carrera, su sacrificio, la dificultad de ser madre y padre a la vez, la quimera de querer suplir la presencia con dinero y comodidades para los hijos y la imposibilidad de hacerlo de otro modo. Muestra la soledad de una niña rebelde, inquieta, talentosa, pero confundida, hambrienta de amor y de hogar, pero ahogada en facilidades y aparentes privilegios.
La historia muestra cómo es que, el resentimiento se acumula, se fermenta, y corroe convirtiéndose en un enojo mal dirigido, (misplaced anger), hacia quien, -a falta de opciones-, no tuvo alternativa. La ausencia del padre idealizado, la ausencia de la madre profesionalmente exitosa, la mansión vacía pero llena de lujos, la búsqueda de una identidad propia…. Es muy probable que, si esa misma historia se desarrollara en la actualidad, la protagonista –el personaje de Alejandra– habría sido diagnosticada con TDAH, o con Trastorno de Negativismo Desafiante (TND), extremadamente intensa e impulsiva con poca regulación emocional.

Realmente, recomiendo mucho ver esta serie y comparar lo que sucedía en los 80’s con lo que vivimos hoy. Pero sobre todo, comprender el dolor que hay detrás de los reflectores, la enorme necesidad de afecto verdadero, compasión y calor humano. Tal vez es tiempo de entender que ni la fama, ni el dinero, ni los aplausos, ni las grandes fortunas son suficientes… y ni aun desgarrándose en un escenario, se tiene garantizado el bienestar, la paz interior, el amor verdadero y mucho menos la felicidad. Porque la vida humana, es una constante lucha contra y por encontrarnos a nosotros mismos.
Para conocer más sobre la producción y los detalles de la bioserie, se puede consultar la ficha técnica oficial en IMDb (https://www.imdb.com/title/tt8339106/).


