‘No quiero que mis hijos sean voceadores’

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México, D.F.-
“Yo vivo de vender periódicos y revistas, me agrada mi trabajo, pero no me gustaría que mis hijos fueran lo mismo, vendedores de periódicos”, expresa Ángel, un voceador que cada mañana ofrece a sus clientes las noticias más recientes.

Ubicado en la esquina de las calles Morena y Mier y Pesado, en la colonia Del Valle, al sur de la ciudad de México, Ángel señala que este oficio no es difícil realizarlo, pero si implica mucho sacrificio, pues se tiene que levantar en la madrugada para ir por los periódicos.

Como él, cientos de voceadores inundan diariamente las calles citadinas para ofrecer los diarios, algunos ya tienen un puesto de periódicos fijo, una especie de local donde guardan diarios y revistas, otros van recorriendo las calles ofreciendo su mercancía; los menos les compran el periódico de su preferencia por costumbre o por la nota de novedad, la roja (nota policiaca) es más impactante, la que más vende.

El día del voceador se instauró el 20 de abril de 1953 con el fin de conservar y reafirmar el espíritu y vocación de servicio a los lectores y medios impresos.

Es por eso que Ángel dice que “uno vive de los clientes, no interesa otra cosa, sólo eso, es el gusto de hacerlo, de vivir para ello”.

Sin embargo, aclara que este oficio es como una rutina, siempre lo mismo, levantarse temprano, estar dándole por casi todo el día, a veces desde las cuatro de la madrugada y hasta pasadas las cinco de la tarde, es un sacrificio, “pero tenemos que comer”, no hay de otra”; y luego en la casa atender a la familia para que nada falte.

Señala que nunca ha tenido problemas con los clientes, pues uno vive de ellos, “no me interesa lo que les pasa, sus problemas, aquí venimos a trabajar, los atendemos en lo que nos pidan, pero no vamos más allá, y uno, pues también, tiene que dejar sus problemas en la casa”.

Van y vienen, gritan a todo pulmón ofreciendo su mercancía, voceadores que no duermen, que no descansan y que se olvidan de todo para complacer a los lectores, “atendemos mucha gente y no nos fijamos lo que les pasa”, dice Ángel.

Comenta que no hay algo que se venda más que otros, los clientes tienen sus preferencias y ya a algunos los conoce, pues siempre van con él a comprarle y en ocasiones ya les tiene reservado su diario o revista; los niños también tienen su espacio en este punto de venta, pues van por revistas para dibujar o armar, “cosas de niños”.

Pero es su trabajo, atender a todo mundo, y le gusta, trabajo es trabajo aunque a veces no agrada por los sacrificios que hace uno con la familia, aunque de eso viven.

Sin embargo, esperanzado, dice que es un trabajo que no le gustaría para sus hijos, “yo no quisiera que fueran voceadores, que estudien una carrera, que para eso me estoy fregando”.

“Es mi gusto, continúa, me agrada, aunque tengo que chambear, me la paso aquí a veces hasta 12 horas, mi familia no me ayuda, mis hijos mejor que estudien, ya lo que hagan será cosa de ellos, pero no esto, que ganen dinero en alguna otra cosa”.

Señala que todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, que tengan las comodidades de la vida y darles siempre lo mejor, “se mata uno para que ello sean otra cosa, que no sean como uno, que no sufran las 12 horas que yo estoy aquí de lunes a domingo”.

Y si, Ángel se encuentra en ese lugar a la espera de clientes, diariamente vende sus periódicos en ese lugar y, como dice, no importa el día, el clima, si llueve o no, si hace calor o frío, y de enfermedades, ni hablar. Siempre está dispuesto a que la gente requiera algún periódico o revista o algún otro producto que también vende –dulces, cigarros, etcétera.

“Solamente el huevón no quiere lo mejor para sus hijos, el comodino tampoco quiere, pero el que ha sufrido desde chamaco no quiere esto para mis hijos, como yo, no quieres que cometan la misma burrada de uno, eso es lo que muchos no pensamos, muchos pensamos que esto debemos heredar a los hijos, pero están equivocados”, asegura.

Concluye que a los hijos debemos “darles metas, que vean que pueden hacer otras cosas por ellos mismos y no esto, que te ayuden un rato, pero no es para que se quede con esto”.

Ángel dice que tiene muchas historias, que ha visto y vivido tanto a lo largo de muchos años, pero eso será en otro momento, tiene que atender clientes, vender sus periódicos, porque como él dice, de eso vive y para eso está.

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