Estrategas Políticos

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Una estrategia se define como “Serie de acciones muy meditadas, encaminadas hacia un fin determinado”.

Hoy en día en el ámbito de la política moderna y con el surgimiento del llamado “marketing político” los estrategas políticos se perfilan como profesionales que cobran muy bien por sus servicios en la planeación e implementación de las acciones y maniobras para alcanzar un fin. En campaña el fin es llegar al poder y en gobierno el fin es mantener el poder.

En el análisis objetivo de este tema, cabe mencionar que no es necesario simpatizar con los métodos de los estrategas que a lo largo de la historia han demostrado una genialidad, muchas veces perversa, para lograr sus objetivos. Ahí tenemos los casos de Joseph Goebbels (en la propaganda Nazi del Tercer Reich) y Giovanni Gentile y Benito Mussolini (para la doctrina fascista en Italia).

Evidentemente, los verdaderos estrategas políticos no actúan “al tanteo”, ni por ocurrencia, ni por mera intuición. Elaboran planes y estructuras que funcionen de acuerdo a dichos planes. Crean sistemas operativos, aprovechan el contexto histórico, manejan emociones, sentimientos, necesidades, identidades, símbolos, creencias, etc.

Así que vamos al grano: Conversando con estrategas políticos modernos, debatíamos sobre cuál ha sido (en su respetable opinión) la más efectiva estrategia política en México. Unos decían que la carga simbólica de la Virgen de Guadalupe, tanto durante la Conquista como en la Independencia, cuando el Cura Hidalgo tomó la venerada imagen como estandarte, fue sin duda alguna, una brillante estrategia política para manejar y movilizar a las masas. ¿Pero qué me dicen del PRI que durante ochenta años logró consolidar lo que se la llamado “una dictadura perfecta”

Su estandarte es un circulo tricolor que de entrada lleva los colores de la bandera mexicana; su estructura se compone de tres sectores: obrero, campesino y popular; éstos a su vez se apoyan en organismos confederativos y sindicalizados como lo son la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM); la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) encabezados siempre por poderosos líderes, que dentro de sus confederaciones formaban cuadros sectorizados que operaban geográficamente y enraban en acción intensa durante los períodos electorales. La pertenencia de los individuos y las canonjías que podían recibir de dichos grupos dependía –invariablemente- de su lealtad y sumisión al partido.

Semánticamente, no creo que exista una paradoja más grande que “institucionalizar la revolución”; pero sobre esa paradoja es que se fundó y se consolidó el Partido Revolucionario Institucional durante muchas décadas, aunque “todo por servir se acaba o acaba por no servir.” De no haber sido por la “hipertrofia” y la corrupción que con los años y los abusos carcomieron y pudrieron las entrañas mismas del partido, el PRI seguiría siendo la estructura fundamental de una estrategia política como no ha habido otra igual. Ningún partido político en México, ni grande ni pequeño, ha podido igualar los alcances y la hegemonía que para bien o para mal, tuvo la estrategia política del PRI.

Evidentemente la fórmula de la estrategia política del PRI ya no opera como antes ni por asomo, porque el contexto histórico del país ya no es el mismo de antes (afortunadamente) y porque de algún modo, los mismos priistas “se comieron a la gallina de los huevos de oro” apostándole a la transa por encima de la estrategia.

Lo triste es que en realidad, con las nuevas estrategias políticas mercadotécnicas, clientelistas y superficiales, los nuevos partidos aún no han podido elaborar una estrategia política propia de fondo y forma, sólida, perdurable y bien estructurada; lo suficientemente fuerte para superar la prueba del tiempo y quizás eso nunca lo volveremos a ver (¡Ni en el mismo PRI) hasta que surja un estratega como los de antaño.

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