Ciudad del Vaticano.-
El “vatileaks”, la crisis desatada por la sustracción de documentos confidenciales de los aposentos papales y su publicación en la prensa, es causa de un “profundo dolor” y “amargura” para el Papa Benedicto XVI.
Dos cercanos colaboradores del pontífice coincidieron este martes en señalar que el obispo de Roma sufre en especial por el ambiente de desconfianza creado tanto por las filtraciones, como por el arresto de su mayordomo como uno de los responsables de la fuga de noticias.
Se trata de Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, y Giovanni Angelo Becciu, “número tres” de la Santa Sede por su cargo de sustituto de la Secretaría de Estado. Ambos aseguraron, por separado, que Joseph Ratzinger desea llegar a fondo y descubrir la verdad.
Tras el arresto del “ayudante de cámara” del Papa, Paolo Gabriele, en posesión ilícita de material reservado el pasado miércoles, se multiplicaron rumores e hipótesis sobre los motivos que llevaron a uno de los miembros de la “familia pontificia” a traicionar a su jefe.
Pero el “vatileaks” se gestó varios meses atrás, a inicios de este 2012.
El 8 de febrero pasado el programa “Los Intocables” del canal de televisión La7 de Italia difundió cartas del ex secretario general de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, Carlo María Viganó.
En las misivas, dirigidas al Papa y al secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone, el clérigo denunció supuesto tráfico de influencias, amiguismo y corrupción en las licitaciones para diversos servicios de manutención realizados en territorio pontificio.
Según Viganó su intención de combatir esas prácticas para lograr un ahorro a las arcas pontificias, provocó que le armaran una campaña interna de desprestigio en su contra y lograran su traslado como nuncio apostólico (embajador vaticano) a Washington.
La revelación mereció una desmentida oficial y varias réplicas. Pero a esa filtración siguieron otras: salieron a la luz informes confidenciales sobre la situación financiera vaticana y un reporte que sugería un posible atentado a la vida del pontífice.
Luego vieron la luz cartas que evidenciaron un intento de imposición del cardenal Bertone al ex arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, y una nota reservada sobre la desaparición (hace unos 30 años) de la joven ciudadana del Vaticano, Emanuela Orlandi.
En este contexto, los responsables de la filtración de expedientes a la prensa ya eran conocidos como “los cuervos”, referencia italiana a un personaje ligado a la mafia que, hace más de 20 años, sembró el desconcierto entre magistrados de Palermo usando cartas anónimas.
El 16 de marzo pasado el sustituto de la Secretaría de Estado, Becciu, anunció una investigación a todo nivel para identificar a los “cuervos” vaticanos. Lo hizo en una entrevista al diario vaticano L’Osservatore Romano en la cual los acusó de cobardes.
Unos 40 días después se informó que las pesquisas estarían coordinadas por una comisión ad hoc compuesta por tres cardenales: el presidente Julián Herránz, de la prelatura apostólica Opus Dei, junto a los purpurados Josef Tomko y Salvatore De Giorgi.
El equipo puso manos a la obra, analizando prioritariamente las características de los textos filtrados para deducir quién podría haberlos robado. Y recogiendo indicios entre los empleados de la Santa Sede.
Pero los purpurados no pudieron evitar que un nuevo paquete de documentos confidenciales salieran a la luz el pasado 19 de mayo, con la llegada a las librerías del libro “Su Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI” del periodista italiano Gianluigi Nuzzi.
El volumen no ofreció noticias nuevas, salvo algunas excepciones. Varios de los episodios relatados en él ya habían sido difundidos por diversos vaticanistas. Su verdadero valor consistió en los documentos revelados.
Más allá de informaciones sobre conflictos entre actores eclesiásticos italianos el libro logró, por ejemplo, tres informes que retrataron la crisis al interior de la congregación de los Legionarios de Cristo, que intenta sobreponerse a los escándalos de su fundador Marcial Maciel Degollado.
Así como un reporte cifrado que evidencia la oposición del Vaticano a la realización de conversaciones reservadas para un alto al fuego del grupo separatista Patria Vasca y Libertad (ETA) en la sede de la nunciatura apostólica de Madrid, España.
“Su Santidad” difundió reportes tan reservados que, prácticamente, se convirtieron en la pista clave para identificar dónde podría estar la fuga.
Con todos esos antecedentes los agentes de la Gendarmería Vaticana, a las órdenes de la comisión cardenalicia, apuntaron a los mismos aposentos papales, donde prestan servicio una decena de personas. Las interrogaron una por una hasta que llegaron a Paolo Gabriele.
El mayordomo habría caído en contradicciones, despertando sospechas. Por eso los gendarmes decidieron inspeccionar su casa, ubicada dentro del territorio vaticano. Y allí encontraron numerosos documentos reservados.
Era la tarde del miércoles 23 de mayo. Ante las evidencias los magistrados vaticanos declararon de manera oficial su arresto y lo condujeron a una habitación de seguridad, de cuatro metros por cuatro, dentro del cuartel general de la Gendarmería.
Ahí ha permanecido hasta ahora y permanecerá en los próximos días, mientras sus abogados no presenten una instancia de libertad vigilada o arresto domiciliario.
El camarero ya designó dos representantes legales de confianza que lo asesorarán en el proceso judicial ante los tribunales vaticanos.
Aunque Gabriele fue encontrado en posesión ilícita de material reservado y se le imputa el delito de robo agravado, todavía no se confirma que él haya sido el responsable de haber pasado algunos de esos textos a la prensa.
Por lo tanto, aún no existe la seguridad que él sea uno de los “cuervos” o un simple intermediario. Aunque resulta –hasta ahora- el sospechoso número uno del proceso “vatileaks”.
En los próximos días los magistrados vaticanos lo someterán a una larga serie de interrogatorios con el objetivo de adquirir los elementos necesarios para establecer un cuadro más o menos completo de la situación.
A través de sus abogados “paoletto”, como le llaman en la Santa Sede, ya expresó su voluntad de colaborar para descubrir la verdad. Parece dispuesto a hablar y a despejar dudas.
Mientras, el trabajo de la comisión de cardenales sigue su curso y tiene como objetivo principal identificar posibles cómplices o no de Gabriele.
Si es verdad, como se cree, que los “cuervos” son varios, los “sabuesos” pontificios ya están tras sus huellas y es posible que se concreten más arrestos.
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