Washington, D.C.-
Con un persistente nivel de impopularidad, el presidente estadounidense Barack Obama se ha convertido en una presencia incómoda para algunos demócratas en difíciles contiendas durante esta campaña electoral.
Aún sin estar en las boletas de las elecciones legislativas y de gobernadores a realizarse este martes próximo, su nombre es invocado con frecuencia por los candidatos republicanos como sinónimo de todo lo que está mal y requiere corregirse.
Con el control del Senado en juego y un desfavorable escenario según la mayoría de las encuestas de opinión, varios demócratas en cerradas contiendas de reelección optaron por evitar verse acompañados de Obama, quien así tuvo que mantener un perfil discreto.
Una encuesta conjunta del periódico The Washington Post y la televisora ABC mostró que si las elecciones se hubieran celebrado el pasado miércoles, 50 por ciento de los estadounidenses registrados para votar lo hubieran hecho por candidatos republicanos y 44 por ciento por demócratas.
Apenas en días recientes Obama volvió a los discursos de campaña durante varios actos de proselitismo en favor de los candidatos demócratas en Michigan, Rhode Island, Maine, Connecticut, Pensilvania y Wisconsin.
El vocero presidencial Josh Earnest rechazó de manera tajante que el presidente se haya convertido en “políticamente tóxico para algunos candidatos”, como lo planteó un periodista la semana pasada.
“No estoy de acuerdo con esa valoración”, reviró Earnest a la pregunta, hacienda notar que Obama ha hecho campaña antes a favor de senadores demócratas.
“Lo que el presidente está haciendo es dedicar tiempo para hacer lo que puede en apoyar a candidatos demócratas, e incluso recaudó dinero para ellos, y eso es una muestra de su compromiso para apoyar a estos candidatos”, dijo.
Las más recientes encuestas de opinión mostraron que la imagen del mandatario no es la mejor en estos días.
Un 53 por ciento de los estadounidenses desaprueba ahora el desempeño de Obama en la presidencia, un 30 por ciento dijo estar “muy molesto” por la manera como marchan las cosas en el país, según el sondeo de la semana pasada de la cadena CNN y la firma ORC International.
Ante esta impopularidad otros demócratas han entrado al escenario para actuar como promotores del voto a favor de candidatos demócratas, incluyendo la primera dama Michelle Obama, el vicepresidente Joe Biden y el expresidente Bill Clinton, además de su esposa, Hillary Clinton.
La semana pasada Bill Clinton apareció en un acto de campaña de Allison Lundergan Grimes, la candidata demócrata que busca derrotar al líder de la minoría republicana Mitch McConnell, en la contienda senatorial por uno de los dos escaños de Kentucky.
Lundergan Grimes no solo ha mantenido su distancia de Obama, sino que ha repudiado públicamente algunas de las políticas del mandatario, como aquellas para reducir el consumo de carbón para producir energía, cuya industria es central en la economía de ese estado.
A pesar de ello, existe la sospecha generalizada es que Lundergan Grimes votó a favor del mandatario en las elecciones de 2008, algo que ella rehusó precisar al ser cuestionada al respecto, durante el último debate con McConnell.
Algunos expertos hicieron notar empero que Obama no será el primero ni último presidente que puede terminar haciendo más daño que bien a su partido.
“Todos los presidentes en elecciones de medio término son usualmente un lastre para su partido, como lo fue (Bill) Clinton en 2000 y (George W.) Bush en 2006, es una realidad”, dijo Thomas Mann, analista de la institución Brooking.
Para Mann, el distanciamiento de algunos candidatos como Lundergan Grimes es fácil de entender a partir del costo político que puede acarrear el ser visto cercano a quienes promueven políticas contrarias a los intereses de la mayoría de los distritos.


