Una de las figuras más importantes de nuestra época fue el papa Francisco, un jesuita que entendió, aceptó y vivió plenamente la doctrina de Jesús, fundamentada esencialmente en el amor; por tal razón tuvo muchos y muy poderosos enemigos, dentro y fuera de la Iglesia Católica. Quizá una de sus afirmaciones más categóricas y provocativas fue su aversión al clericalismo, que explica cabalmente en una de las entrevistas con Javier Cercas.
Igual de categórica y provocativa es la carta encíclica Magnífica Humanitas del papa León XVI, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Empieza: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad…”
Bien mirada esta iniciativa es un resumen del pensamiento más evolucionado en cada época de la historia humana, y no se diga de la historia de México como país independiente, libre y soberano. No tiene desperdicio de cabo a rabo; pero, hay partes extraordinariamente interesantes por cuanto revelan la preocupación del vicario de Cristo por las personas que padecen abandono, indiferencia y persecución, que debe ser la preocupación de todos cuantos se reconocen seres humanos conscientes.
Pero, no allá; sino aquí. No como dijo aquel: “ahí te hablan, tu”. Conocer y asimilar las palabras de la carta encíclica (una carta para todos), permitirá entender la realidad tan dramática que vive el planeta y sus habitantes, a un tris de la extinción masiva en aras de la aberrante acumulación de poder y de riqueza.
Comprender el momento que viven México, Tamaulipas y Reynosa. Ver cómo los poderes fácticos se aprestan, una vez más, a llevarse el botín de los cargos públicos para acrecentar sus fortunas.
Al respecto, como si lo viera personalmente, el Papa escribió: Cap. IV, Custodia de lo humano en la transformación: Verdad, trabajo y libertad. La verdad como bien común. Verdad y democracia. “132. El uso de las plataformas digitales y los sistemas de IA aceleran los profundos cambios en la comunicación pública y política. Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones.
La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella. Una información veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado.
En el discurso público, la verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo. Sólo la búsqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien común, puede sentar las bases de una comunicación justa”.
Ya en el libro de libros está escrito que: “Por sus obras los conoceréis”. De esta suerte, sólo se engaña el que quiere ser engañado, sea creyente o no. Porque hay políticos que se han partido el alma sirviendo a la comunidad con valentía, entrega y dedicación, y otros que se la pasan de pachanga en sus residencia del lado americano. Si buscar el bien común es una obligación de quienes aquí viven y trabajan, la opción es simple y llana.


