‘¿Tú también, Luis?’

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Si bien José López Portillo ha sido uno de los peores presidentes que ha tenido México, por despilfarrador y frívolo, también debemos decir que su amplia cultura no tiene comparación en el mundo político, pues era un brillante escritor y un lector voraz de la historia nacional y de los clásicos griegos y romanos.

Por eso cuando se sintió traicionado por su antecesor y quien fuera su gran amigo de juventud, Luis Echeverría Álvarez, le espetó un severo reclamo envuelto en la parodia de una famosa frase latina (“Tu quoque, filius?”), que Marco Tulio Cicerón atribuyó a César: “¿Tú también, hijo mío?”

“¿Tú también, Luis?” -le dijo López Portillo a Luis Echeverría, desterrado entonces en las Islas Fiji, por haberse sumado a las críticas que le hacían a su gobierno. Y en la expresión simple replicada una y otra vez en la prensa retrató su conocimiento del gran orador latino y de sus obras clásicas, pues Cicerón no ha pasado de moda en la oratoria y en la filosofía entre los intelectuales de renombre.

La historia nos dice que tras imponerse a su rival Pompeyo, parecía inevitable que César lograra acabar con el Senado, la institución más respetable formada por los senectos de entonces, con el fin de hacerse dictador, rey o monarca en un futuro imperio. Pero unos conjurados (amigos de Cicerón, pero a los que éste reprochará su falta de planes y su precipitación) asesinan a César a puñaladas en el mismo Senado.Todo sucede poco después de que Marco Antonio le hubiera ofrecido en público una corona real a su jefe.

Bruto y Casio son los principales conjurados y cuando acuchillan a César gritan: “¡Cicerón, Cicerón!, tratando de inculparlo como el mentor intelectual de los hechos…

Adelantándose a Maquiavelo, es decir mucho antes del año 1500, Cicerón llegará a pensar que los que mataron a César tendrían que haber acabado también con Marco Antonio, que estaba presente y tenía miedo. Sin embargo, no lo hicieron. Al contrario, tal vez asustados por el magnicidio, Bruto y Casio corrieron a esconderse para ver qué pesaba. No habían previsto las consecuencias del crimen y éste fue el mayor error de su cobardía.

Bruto era hijo adoptivo de César, al ligarse con la noble Servilia, antes de ser el amante de Cleopatra, por eso al morir éste exclamó: “¿Tú también, hijo mío?”.

Y la frase cobró vigencia desde entonces en el mundo político para reprochar un mal comportamiento o una traición en general a quien debiera de mantener fidelidad a un superior o a un plan, repercutiendo con su conducta negativamente en la imagen de aquél, como fue el caso de Luis Echeverría que perpetuó en su momento José López Portillo, expresión que hoy podría repetir sin ambages Enrique Peña Nieto a su Secretario de Hacienda Videgaray: “¿Tú también, Luis?”.

Porque al haber trascendido las facilidades que recibió de Grupo Higa cuando era coordinador de la campaña presidencial para hacerse de una lujosa mansión en Malinalco, no puede negarse que hay un evidente conflicto de intereses arreciando las críticas en su contra, y más por la crisis que atraviesa México al estar la economía mexicana estancada y por su terquedad en impulsar la Reforma Fiscal que no es más que un mecanismo para recaudar más impuestos a costa de los bolsillos de los causantes cautivos y de los empresarios.

Si ya tenía Peña Nieto de qué preocuparse con la asociación que la opinión pública ha hecho de Grupo Higa con la renombrada “Casa Blanca” de Angtélica Rivera “La Gaviota”, es fecha que no pasa el trago amargo para el señor Presidente al enterarse que también su Secretario de Hacienda está siendo cuestionado por el favoritismo del millonario constructor que hizo grandes negocios en el Estado de México, Luis Armando Hinojosa, al amparo del Grupo Atlacomulco.

Pero como Peña Nieto no tiene ni un ápice de la cultura que adornaba a López Portillo no creemos que sepa quién es Cicerón y Julio César, de modo que no puede parodiar la última frase de éste: “¿Tú también, Luis?”…, aunque bien que le viene a modo.
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