Derroche a manos llenas

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La mayoría de quienes aspiran a un cargo gubernamental o de alguna universidad pública, lo primero en lo que piensan es en no trabajar, con inventos para justificar sus ausencias de las respectivas oficinas, como “está en una junta”, “lo mandó llamar el jefe” o “anda de viaje”.

En segundo lugar su meta es gastar todo el dinero posible en comidas y bebidas con cargo al erario, aunque se trate del rutinario gasto en alimentos de la familia. Por eso les sobran amigos a esos cuates tan generosos con el dinero ajeno, pues aquellos “gorrean” en restaurantes desde botanas abundantes y un buen filete de res o de pescado hasta vinos especiales y postres. Y sobra quien inclusive pide para llevar, porque el pago de la cuenta no pesa en el propio bolsillo.

Asimismo, esos abusivos de los cargos gubernamentales o funcionarios de universidad pública llegan con unas ansias enormes de salir al extranjero, gracias al presupuesto de que disponen, sin que les cueste ni un quinto de su salario. Y, ni tardos ni perezosos, se receten unos paseos de sultán con cualquier excusa.

Por eso da coraje enterarse el derroche a manos llenas documentado con pelos y señales que incrimina a senadores (con minúscula) de la República que se fueron de pinta pero con boletos de avión de lo más caros y abusivos, adquiridos quizá en una agencia que se “mama” una jugosa comisión.

Vea usted, por ejemplo, el caso del senador del PRD Salvador Rabindranath Salazar. El angelito programó un viaje a Letonia, aunque imaginamos que ni siquiera sabía cuál es su capital y en qué parte del mapa geográfico se ubica. Sin embargo, lo peor es que su boleto costó 151 mil 857 pesos, cuando bien podría salir por British Airways en 31 mil 772 a principios de octubre de este 2015.

Otros sinvergüenzas en estas mismas condiciones son Manuel Cavazos (PRI) quien gastó 277 mil pesos en un solo boleto, y Marcela Guerra (PRI) quien erogó en promedio 112 mil pesos en avión y viáticos por sus 18 viajes, así como Ernesto Cordero (PAN), despilfarrador de 122 mil pesos en un boleto de avión.

Los datos están tomados de la bitácora del Senado. No son invento. Y si revisáramos los rubros de la Cámara de Diputados también encontraríamos este derroche a manos llenas, porque al fin y al cabo no hay quien proteste y menos que castigue a estos pillos con charola de lujo.

Pero a veces uno se sorprende también que los universitarios que reciben presupuesto estatal y de la Federación hagan lo mismo. Se despachan con la cuchara grande en comidas, bebidas y hasta cojidas de dinero de la caja chica, sin faltar los consabidos viajes bien escondidos en pretextos académicos.

De ahí que el nuevo gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón les ha puesto un freno a sus colaboradores en este sentido. No hay dinero ni para taxis ni para celulares ni para nada que signifique tirar los impuestos de los ciudadanos. Y si cumple su palabra, en todo México van a pedir mandatarios de este corte.

Sí vale la pena ponderar la austeridad sin perder eficiencia, porque cuando uno leer las noticias del derroche a manos llenas de los políticos cínicos, el coraje corroe las entrañas. Ya estuvo suave, ¿no?…

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