Desempleados con título

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Andrés Manuel López Obrador está convencido de ahí donde gobierno “su” partido, Morena, ningún joven se quedará si entrar a una universidad pública. Y, por supuesto, hace creer que si él llega a ser Presidente de México, no habrá “ninis”. Pero si bien es cierto la arenga sirve para cosechar votos, la realidad es muy distinta.

Sí, se oye muy bonito que todo aquel que está en edad de estudiar tenga un sitio oficial donde estudiar, pero la realidad es que no todo mundo quiere estudiar aunque esté en edad de estudiar. Y a fuerza ni los zapatos entran. Así es que hay que aterrizar la propuesta y ser contundente en el aserto: Ningún joven se quedará sin estudiar por razones económicas. Ahí sí le damos en el clavo.

Porque de nada sirve abrirle las puertas de las universidades públicas a quienes solamente van a perder el tiempo y a obtener con toda facilidad un título de nobleza que ya no sirve para nada, y no un diploma académico sustentado en conocimientos teóricos y prácticos que hacen vida una vocación humana.

Hoy mismo en las universidades, públicas y privadas, hay una bola de haraganes que no saben ni la O por lo redondo y carecen de los mínimos indispensables para decirse universitarios. Y, si no, hay que remitirnos a las pruebas para darnos cuenta cómo anda esa bola de haraganes en ortografía, lectura, matemáticas y ya no se diga en el campo de las ciencias.

Claro que están en su derecho de ingresar, con examen o sin examen previo, y matricularse en la carrera que sea, pero al hacerlo sin vocación y sin la base de los conocimientos mínimos, son una pena más que un prestigio de la institución de la que egresan, muchas veces a llenar las filas de desempleados con título.

El título universitario ya no es garantía de saber y por eso ha dejado de ser también garantía de trabajo seguro, pues ahora inclusive están mejor pagados muchos técnicos habilidosos y trabajadores que no han terminado ni la escuela básica. Sin embargo, no significa que debe abandonarse a la deriva a quien desea estudiar, sino que hay que alentarlo y estimularlo desde los primeros años, siempre y cuando tenga el convencimiento de su decisión firme.

No hay que dejar sin estudios a nadie que le ponga pasión a los mismos. No hay que privar de un título profesional, a quien lo merezca. No hay que dejar de apoyar con recursos económicos a quien está en riesgo de no estudiar porque no puede pagar la inscripción, la mensualidad, los materiales de sus ejercicios prácticos. No hay que expulsar al que se siente marginado por un problema pero está seguro de lo que vale ser profesionista y está dispuesto al sacrificio para alcanzar su meta.

Ahí está el meollo del asunto. Ahí es donde todos debemos preocuparnos como sociedad de que no falle el subsidio al más necesitado para que no sea expulsado del privilegio de ser estudiante universitario. Pero es una aberración convertir a todo mundo en titulado de cualquier casa de estudios superiores. Es un desatino querer que, por decreto, todo mundo presuma de ingeniero, licenciado, arquitecto, médico y demás profesiones calificadas.

Hay muchos jóvenes que, tristemente, no quieren estudiar aun teniendo todas las circunstancias a su favor. Y siempre será una frustración mayúscula obligar a alguien a ser lo que no desea ser y empujarlo a fuerza a titularse en una universidad si después ese logro no se traducirá en resultados acordes con los esperados de un profesionista.

Que nadie se queda sin estudiar, sí, pero de los que quieren estudiar y están dispuestos a pagar el precio en sudor y desveladas para alcanzar su meta. Los otros, los que no están hechos para el estudio o no aspiran ni siquiera a leer un libro y menos a hacer una tarea académica, ¿para qué queremos vestirnos con toga y birrete y presentarlos como una farsa de la sociedad facilona en titular a cualquiera aunque no sepa dar el tono del rebuzno?

Yo veo mucho más peligrosos que los “ninis”, a aquellos desempleados con título. Y si no hay que darle una buena revisión a lo profundo de su alma. Los primeros, total, se lo buscaron al no estudiar ni trabajar por flojos y “buenosparanada”, pero los segundo creyeron que con un título la iban a hacer en la vida, y al final su frustración es un riesgo mayor para la convivencia sana.

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