La Patria es primero: Patriotismo

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En letras de oro leemos tanto en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores lo siguiente: La Patria es primero.

Si esto fuera cierto, nuestro país estaría posicionado como potencia mundial. Tenemos (hemos tenido siempre) el gobierno que nos merecemos. Nuestros políticos, a lo largo de nuestra historia han hecho y deshecho con nosotros (los mexicanos) lo que han querido…. pero la Patria es primero.

Hacer Patria es vivir el patriotismo. Es decir, actuar de tal manera que mi acción particular no solo buscará beneficiarme a mi, sino que en esa búsqueda de hacer Patria, también busco el bien del otro. Ahí radica la verdadera libertad… que no es otra cosa más que ejercer mi autodeterminación para permitir que el otro se autodetermine.

Somos, a decir de Aristóteles, seres sociales, animales políticos; estamos llamados a la apertura, a vivir con el otro (convivir), para el otro y por el otro. Hacerlo, insisto, es hacer patria, vivir un verdadero patriotismo.

Pero la responsabilidad no para en mi. Es necesario, como consecuencia que la sociedad también se comprometa con esa búsqueda a la que está llamada: el goce del bien común. Ese bien común que surge de la democracia, del bien elegido entre muchos bienes para que se beneficie a la mayoría (que no necesariamente a todos, pues en democracia no todos ganas, algunos -ni modo – pierden).

Hacer Patria, pues, para la sociedad implica la participación activa en la toma de decisiones que corresponden a la política. Es decir, estamos llamados a asumir el riesgo de vivir en sociedad (por medio del voto) para alcanzar el bien común. Realizar esto, lo repito, es hacer Patria… ser patriotas.

Pero vuelvo y digo, está responsabilidad de la que hablo no sólo me corresponde a mi ni a la sociedad… pues el Estado (gobierno electo, la autoridad) también debe de hacer Patria.

Publicando leyes justas (poder legislativo), implementando los medios para que estas leyes se vivan (poder ejecutivo) y velando para que el estado de derecho prevalezca (poder judicial). Todo siempre con el ánimo de alcanzar el bien social, es decir, el bien de y para todos (no el de la mayoría, sino el de todos). Lograrlo implicará hacer Patria…. ser patriotas.

Ser patriota, en resumen, es hacer y buscar el bien, no solo el personal, sino también el común y, principalmente, el social, cosa nada sencilla, pues -aquí está lo complejo-. Pues además de seres humanos (realidad nada sencilla de describir) somos mexicanos (realidad mucho menos sencilla de entender).

Ser patriota en México, dada nuestra naturaleza, es complejo. Ya lo dijo Octavio Paz, ser mexicano (lo mexicano) es fruto de ese gran híbrido surgido entre la España medieval y las culturas nativas originarias (mexicas, toltecas, zapotecas, tlatelolcos, mayas, etc.) lo que nos lleva a tener una cosmovisión distinta a las demás culturas dada nuestra diversidad originaria y la brutal colonización que padecimos como en nuestros fundamentos.

Somos una raza complicada en sus bases y más compleja por el modo cómo se gestado como nación y país. Ese hacer Patria no ha sido fácil, y como consecuencia el patriotismo arriba mencionado (búsqueda del bien) tampoco ha sido fácil implementarlo.

¿Somos patriotas el 5 y el 24 de febrero, el 21 de marzo, el 5 de Mayo, el 16 de septiembre y el 20 de noviembre? O ¿somos solo patriotas cuando cada tres años ejercemos nuestro derecho al voto? ¿O cuando en el día a día hago lo que me toca, respeto las leyes y procuro que los demás alcancen sus objetivos? ¿O todos juntos?

Hoy a 50 años de la tragedia del 2 de octubre, vemos que aunque se ha logrado mucho en temas de derechos humanos y participación ciudadana, México es distinto al que se fraguaba en 1968.

Pero también falta justicia y el papel del Estado, de la sociedad y de cada uno de los individuos (ciudadanos mexicanos) debe redefinirse para que el país salga adelante económica, política y socialmente.

Lo que viene para el nuevo gobierno y para la nueva ciudadanía (que votó por aquel) será concretar el rumbo planteado, y no hacerlo será una nueva decepción y un retroceso para este patriotismo planteado. Hacerlo nos llevará a la posibilidad de erradicar injusticias, desigualdades y silencios.

Hoy a 50 años del movimiento estudiantil ya nos sabemos libres, pero la pregunta que se pone sobre la mesa es: ¿libertad, para qué?

Seguiremos atentos.

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