País de simuladores ambiciosos

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En su obra autobiográfica “El Pez en el Agua”, Mario Vargas Llosa dedica un párrafo interesante a su paso por la política: “…hice un descubrimiento deprimente. La política real (…) tiene poco que ver con las ideas, los valores y la imaginación (.) Está hecha casi exclusivamente de maniobras, intrigas, conspiraciones, pactos, paranoias, traiciones, mucho cálculo, no poco cinismo y toda clase de malabares. Porque al político profesional, sea de centro, de izquierda o de derecha, lo que en verdad lo moviliza, excita y mantiene en actividad es el poder; llegar a él, quedarse en él o volver a ocuparlo cuanto antes.”

Viene a cuento esas ideas del escritor, ex aspirante a gobernar Perú, por los sucesos que vemos desarrollándose ante nuestros ojos y que mantienen en vilo a no pocos millones de mexicanos.

Actualmente persiste la duda sobre el camino que seguirá una administración federal que ha roto estándares, pero que se antoja errática en sus acciones como el combate al tráfico ilegal de combustibles.

No hay detenidos y es comprensible, en el nuevo sistema de justicia penal, si no están amarrados los expedientes, se cae el proceso y queda todo igual. Esa podría ser una razón por la que no veamos claro respecto a posibles denuncias contra presuntos culpables.

Lo que también flota en el ambiente es que a excepción de una manta donde supuestamente los llamados huachicoleros amenazan a Andrés Manuel López Obrador, y el incendio en Hidalgo que dejó más de un centenar de víctimas, no hay ninguna acción de la delincuencia organizada para echar abajo la intención del gobierno federal de terminar con el robo de combustible.

Como ya lo planteó el compañero periodista Hugo Jiménez, quien señala la posibilidad de que AMLO haya negociado con los grupos ilegales para que no hagan acciones violentas, esa puede ser la razón de su silencio e inactividad.

Otra posibilidad es que, y eso sería espeluznante, que sea nuestra propia clase política la que, aprovechándose del miedo que provoca la llamada delincuencia organizada, siempre hayan sido los rateros de cuello blanco los que se apropiaron ilegalmente del combustible, ordenando al personal que conoce las instalaciones de PEMEX y haciéndolo cómplice, quienes llevaron durante más de una década este negocio que les ha hecho súper millonarios.

Entonces estaríamos ante el hecho de que un pueblo amedrentado y oprimido como el mexicano por el ambiente de violencia e inseguridad, la clase política del país, de todos las corrientes, lo use en su beneficio y sean los verdaderos ladrones.

Serían entonces los simuladores profesionales, más que políticos profesionales.

La simulación y la ambición están siempre presente, ahí vemos a un Enrique Peña Nieto gozando del dinero junto con una novia en Madrid, y Angélica Rivera desaparecida, con todos los millones que le pagaron por ser parte de la farsa montada por esos hombres y mujeres mezquinos y cínicos.

La ambición por el poder dice Vargas Llosa no hace distingos en la ideología, prácticamente todos, con escasas excepciones, sucumben ante su atracción.

Simulación y ambición, juntas pueden ser explosivas.

La frase “A mí denme por muerto”, proferida y repetida todo el año 2003 por AMLO, quien supuestamente se auto descartaba a participar en la elección del 2006 (cosa que fue mentira), cobró vigencia el domingo 3 en su visita a Córdova, Veracruz, al decir que él cree en el principio de No reelección y no piensa eternizarse en el poder, lo que tal vez equivaldría al “A mí denme por muerto” del 2003, pero ahora para el 2024.

Simulación y ambición, combinación explosiva. Repito.

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