La mayoría de nosotros tuvimos la fortuna de tener a nuestra madre en casa 24/7 y debido a eso nuestra infancia fue diferente a lo que viven los niños el día de hoy.
No digo que esté mal, pero parece que a veces se nos olvida que son solo niños y les exigimos madurar antes, crecer de prisa y comportarse como adultos cuando les falta mucho para serlo.
Hace unos días me recibieron en la guardería del IMSS con reportes de mis dos hijos, pensé que se debían a algún pleito o a la rebeldía de no seguir instrucciones, pero no.
“Señora su hijo se hizo pipí mientras dormía, se orinó en la colchoneta”, me dijo la educadora.
¡Santo Cristo! ¿cómo se atrevió este niño a no controlar sus esfínteres?, ¿a dejar que su sueño fuera tan profundo como para no despertar a tiempo e ir al baño? o ¿por qué no fue capaz de regular su temperatura corporal para evitar que el frío lo hiciera orinarse?
Obviamente no pensé ninguna de las cosas anteriores y sólo respondí: “ok”, mientras esperé el otro reporte.
“Ella lloró mucho porque cambiamos al niño de ropa y quería que la cambiáramos también a ella”, manifestó.
Mi hija siempre ha sido muy coqueta y cuidadosa con su ropa, incluso cuando se moja al tomar agua pide que le ponga otra, a veces entiende que no es necesario y a veces no, y en esta ocasión fue una de las que no.
“Gracias, yo hablo con ellos, hasta mañana” le contesté y tomé a mis dos hijos, sus “trabajitos” y sábanas para salir de ahí.
Inmediatamente después de un reporte les llamo la atención y aplico las medidas disciplinarias que considero adecuadas, pero esta vez no, les pregunté cómo les fue en la guardería, si tenían hambre y elogié sus trabajos.
Ellos estaban felices porque habían pintado el número 4 y le habían pegado fomy, la niña me mostraba un chongo que le hizo su “mayesta” y mi hijo con boquita de U invertida me dijo que se hizo pipí, pero respondí que no pasaba nada.
Me queda claro que hay niños súper disciplinados, según las palabras de sus propias madres y de verdad me da muchísimo gusto que tengan hijos modelos que no les ocasionen disgustos ni molestias.
Mis hijos no son groseros, ni mal educados, tampoco contestones, solamente son niños que aún no cumplen los cuatro años, que no entienden que a los mayores nos urge que crezcan y se parezcan a nosotros lo antes posible para hacer nuestra vida más fácil.


