Hijos, ¿reflejo de los padres?

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Para llegar hasta las botellas dentro del refrigerador debía pasar entre padre e hijo que ocupaban casi por completo el pasillo.

Ambos eran robustos, el padre mucho más, su inflamado vientre dificultaba el acceso por el pasadizo de las frituras y los refrigeradores donde ambos se encontraban.

Hacía mucho calor y por ello yo utilizaba un short que, obviamente dejaba mis piernas al descubierto, lo cual el hombre notó de inmediato y lo evidenció con una mirada tipo escáner, de esas que incomodan tanto.

No había forma de evitarlos, no importaba por cuál extremo del pasillo entrara, ambos estaban casi enfrente de lo que yo necesitaba sacar.

Su forma de verme me incomodó y eso evitó que yo pidiera permiso para pasar, sólo lo hice y el hombre no se movió ni un centímetro, es más, creo que hizo lo posible por acercarme su cuerpo lo que me molestó más.

El niño no sabía cuáles papitas elegir, así que ya llevaba ahí algo de tiempo.

Abrí el refrigerador y me disponía a sacar las cosas cuando una voz infantil me dijo: “Con permiso”, era el hijo del hombre libidinoso.

“Pásale”, le dije y sin poder evitar me sentí mal porque en algún momento los llamé “par de maleducados” en mi mente pero no, el niño no era así, no como su padre.

Cuando llegué a la caja estaban justo delante de mí y cuando el cajero les dio las cosas el niño respondió con un “gracias”.

Siempre se ha dicho que los hijos son el reflejo de los padres pero no, a veces, ellos con su inocencia y bondad pueden ser mejores personas que nosotros.

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